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El Diario Vasco viernes, 18 de agosto de 1995

Mª Pilar Garmendia Miguel

No conviene que pase desapercibida la fecha, tanto por lo que Iztueta supone en el mundo de la cultura vasca como por el amor tan entrañable que profesó a Guipúzcoa y a San Sebastián en donde vivió veinticinco años. El 18 de agosto de 1845, hace exactamente siglo y medio, fallecía a sus 78 años en su casa natal de Zaldibia el dantzari y coribante por excelencia. Con todo, Iztueta es una figura polifacética, para que solamente sea considerada en ese aspecto. Reunió otros en su persona: bertsolari, poeta, escritor, historiador y hasta antropólogo.

Ya Fausto Arocena, por los años 1963, escribe sobre él como de figura extraordinariamente interesante. Sin duda ha sido el P. Villasante quien mejor ha captado el espíritu de la vida y obra de Iztueta, cuando escribió que «Iztueta es el prototipo del hombre identificado con la raza vasca y en todas sus genuinas manifestaciones», «se nos presenta como el hijo auténtico del pueblo, adherido a la tierra con mil raíces, identificado y compenetrado con su país y con cuanto tiene éste de representativo, ya sea la lengua, ya las danzas, usos y costumbres, apegado al paisaje y a la tierra, a sus riscos, bosques y ríos...».

Aunque todavía quedan claros-oscuros, su vida ha sido clarificada gracias a las investigaciones, primero, de José Garmendia, y después, de Jesús Elosegui. Según el Diccionario Histórico-geográfico de Madoz, era famoso en su tiempo. Pero después ¡cuánto desconocimiento! Las etapas más desconocidas se refieren a su infancia y juventud; 22 años de silencio desde la fecha de su nacimiento hasta su primer casamiento, en 1790.

Los largos años de sus prisiones y encarcelamientos, primero en Ordizia. después Tolosa, Azpeitia, Logroño y de nuevo en Tolosa ocho meses en 1814 y 1815, todo eso queda claro. Tres legajos en el Archivo de Tolosa ponen en luz su espíritu afrancesado, su venida a San Sebastián en abril de 1810, su ausencia en los días de la quema e incendio de San Sebastián el 31 de agosto de 1813. así como los cargos que tuvo por el gobierno intruso.

En San Sebastián se va abriendo camino, y prepara, al menos desde 1822 su libro sobre las danzas que vio la luz en 1824. Celador de la puerta de tierra desde 1824 y alcaide del Corregimiento en 1834. En plena guerra carlista se retira a su pueblo en 1837 hasta morir en 1845.

Autor también de la primera Historia de Guipúzcoa en vascuence y de otras publicaciones, Iztueta, a pesar de sus rebeldías y de vida airada, se convierte desde 1815 en claro ejemplo de un gran guipuzcoano. Si algo admira en su vida es su total dedicación, su enorme trabajo e intuición por todo lo que se refiera a Guipúzcoa. Si no es admirable en muchas cosas , sí lo es en este aspecto.

No es posible olvidar su adelanto en materia folklórica, no sólo por su libro sobre las danzas guipuzcoanas (nada menos que 36 son las que recoge) así como por el cuaderno de melodías y su Vocabulario o Iztegi, que se dispone a publicar la Fundación Iztueta. Muchos son los homenajes que se le han tributado: en 1929, en 1945, en 1967, y no hace mucho, en el mes de mayo en la ocasión de los 150 años de su fallecimiento.

Está bien que Iztueta siga vivo y presente en tantos grupos de dantzaris que bailen las danzas que él salvó. Hay que continuar en la investigación para aclarar los enigmas que se ciernen sobre su vida. No deja de ser un personaje clave, a caballo en los finales del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX. Época llena de interés en la lucha del antiguo y nuevo régimen.

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