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Izarra desgaitutaIzarra desgaitutaIzarra desgaitutaIzarra desgaitutaIzarra desgaituta
 
 
 
  Iztueta según interpretación de Oñativia. En realidad se ignoran los rasgos faciales del gran zaldivitarra
ENTERRADO EN ZALDIVIA, NO SE SABE EL LUGAR 
EXACTO
DE LA TUMBA. TAMPOCO HA LLEGADO
HASTA NOSOTROS
NIGÚN RETRATO SUYO
 
El Correo Español—El Pueblo Vasco  18 Noviembre de 1967—

CAPITULO 1

1967 ha sido un año pródigo en aniversarios pero, en lo que respecta al País Vasco, ninguno puede ser comparado, por su trascendencia, con el bicentenario de Juan Ignacio de Iztueta.

Guipuzcoano de pro, hombre enamorado de su tierra , intérprete privilegiado del mundo en el que le tocó vivir, Iztueta ha pasado a la historia como el regenerador de las danzas vascas y como el cronista que, en una prosa popular, colorista bien matizada, trasmitió páginas de un tiempo, de unas costumbres  y de unos hombre que han ido para siempre.

Bien merece, por ello, en estos días del bicentenario de su nacimiento, el homenaje humilde de nuestra atención.

UNA aldeíta situada casi a la sombra de Aralar, Zaldivia, fue la cuna de Juan Ignacio de Iztueta. En ella vino al mundo el 29 de noviembre de 1767, en una casa desconchada y fea, que aun se conserva no lejos, por cierto, de donde a mediados del siglo pasado fusilaron al oñatiarra Julian de Alza.

Por una fotografía de hace mas de cincuenta años que se inserta en la «Geografía del País Vasco-navarro», conocía yo el aspecto de Zaldivia. Pero los tiempos cambian y ahora la patria de Iztueta se ha transformado bastante. A la vieja iglesia parroquial la han acuchillado colocándole un feísimo  añadido
en el que la catequesis y, por si fuera poco esto , varios edificios de corte capitalino destrozan por completo la armonía arquitectónica del pueblo.
 
Esta es el acta de bautismo de Juan Ignacio de Iztueta, que se conserva en el archivo parroquial de Zaldivia. Su fecha: 29 de noviembre de 1767.  

Nada, de todas maneras, comparado con la «torre» ultramodernista que he visto al pasar por Villafranca de Oria y que me ha recordado cómo se han convertido en letra muerta todas las disposiciones tomadas en Elorrio, hace unos pocos años, para hacer respetar la fisonomía regional en las nuevas construcciones.

ANTE EL PRIMER DOCUMENTO

Naturalmente, una vez en Zaldivia lo primero que corresponde es visitar al cura párroco. Y para ello cuento, además, con la buena embajada de don José Antonio Mallona, que ha dejado por un día las tareas de reparación de su iglesia de Izurza, para acompañarme.

El párroco de Zaldivia es un hombre culto, como lo evidencia su bien surtida biblioteca y esta al cabo de la calle sobre cuanto se refiere a Iztueta. Incluso dispuso de una de sus obras que ahora ha prestado a don José Garmendia, capellán del colegio mayor sevillano «Hernando Colón», cuyos trabajos sobre Iztueta  en  el «Diario Vasco» he seguido con el mayor interés.

El párroco saca un viejo libro de páginas amarillentas y lo coloca sobre la mesa.

—«Esta es lo. partida de bautismo de nuestro personaje», me dice señalando el pie de una, página. Era natural de aquí y el mismo se refirió a ello, pero el texto del acta no lo especifica.

—¿Qué se conoce sobre Iztueta en el pueblo? ¿Han quedado historias referentes a él?, pregunto.

—No muchas, si he de decirle la verdad. Por una parte se sabe se sabe que su padre  no era de Zaldivia. Vino de Mutiloa, por la parte de Cegama y se caso con una del pueblo que se apellidaba Echeverria. Desde luego debía de tener una mediana posición, cuando menos, ya que a Juan Ignacio lo apadrinó un beneficiado lo que, por entonces no era m mucho menos normal.

—¿Donde está enterrado?

—En nuestro cementerio, pero la memoria de su tumba se ha perdido. Hoy resultaría imposible identificar el  lugar exacto en el que reposa.
NUMEROSAS EVOCACIONES

Para recorrer un poco el pueblo y ver la casa de Iztueta, salimos a la calle. Al pasar frente a la Casa Consistorial me llama la atención su escudo que se compone de dos caballos y de la leyenda  «Zaldiz Ta Oñez». El párroco me dice:

—Al redactar el escudo interpretaron mal el origen de la palabra Zaldivia que viene, en realidad, de zaldibidea o camino carretil. Esos dos caballos no hacen nada ahí.

Por unos momentos entramos en la Casa Consistorial, en cuyo salón de actos se conserva un cuadro que nos presenta a Iztueta. Allí aparece como un viejo coloradote y de cabellos escasos y blancos. Según me explican, el cuadro lo pintó Oñativia basándose en estudios de tipo grafológico, ya que no se ha  conservado ningún dibujo ni descripción sobre el aspecto físico del gran zaldiaviatarra. Esto, naturalmente, me desilusiona un poco.

En la misma sala hay otros cuadros de hijos ilustres del pueblo. Uno de ellos corresponde al beneficiado Francisco Ignacio de Lardizabal, autor de una  «Gramática Bascongada» y de un libro que fue popularísimo y en el que descubren influencias lexicológicas de Iztueta: el «Testamentu zarreko eta berrico kondaira». Otro cuadro representa a monseñor Angel Suquia Goicoechea, actual obispo de Almería.

—Hasta hace algunos años el «Testamentu zarreko» era el libro más leído por esa zona. En todos los caseríos se le encontraba, generalmente sobre la repisa de la chimenea, asegura el cura párroco.

ANTE LA "KAPAlNDEGUI”

Por fin llegamos ante la casa de Iztueta, a la que su padre le puso el nombre de «Iztueta-Enea», pero a la que la gente ha conocido por «Kapaindegui», yo, que en ella se hacían capas y, al parecer, de buena calidad, según lo demuestra el hecho de que se mencionen en testamentos.

Como he dicho antes, el edificio se encuentra viejo y maltrecho. En él  viven dos familias que nada tienen que ver con el celebrado escritor. Sobre una pared existe una lapida nada vistosa, sobre la que se lee un vascuence: «Al que escribió el libro de las danzas guipuzcoanas. La Sociedad de Estudios Vascos». Este homenaje data del año 1929 y durante su celebración el Padre Donosti leyó unas cuartillas en nombre de todos los amigos de la «Euskoikaskuntzank», de la que era eminente personaje.

—Y ahora, con motivo del bicentenario, ¿se   colocará alguna otra lápida?, pregunto.

-»Si, por lo menos una que van a traer los del «Goizaldi». Y posiblemente no será la, única, es la respuesta.


VICENTE TALON

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