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Izarra desgaitutaIzarra desgaitutaIzarra desgaitutaIzarra desgaitutaIzarra desgaituta
 
 
Por AYALDE
MAÑANA de domingo, avanzado ya el otoño, con una neblina que esfuma los cercanos montes. Abandonamos la carretera general para tomar el camino de Zaldivia, a tres kilómetros del cruce. En las cercanías del pueblo hemos de detenernos para dar paso a un rebaño de corderos, cuya lana tan blanca parece recién lavada. Ahora los rebaños bajan del Aralar hacia los prados bajos del Beterri guipuzcoano. Ya en el pueblo vemos desfilar, al son del txistu, un grupo de dantzaris, y luego varios más; son agrupaciones venidas de distintos puntos del país, de Vizcaya (Bérriz) de Navarra (Valcarlos, Ituren), de San Sebastián y, probablemente, de alguna localidad vasco-francesa. Las notas del txistu alegran el empañado ambiente.
 
  IZTUETA ,por Antonio Valverde. De la galeria de personajes guipuzcoanos de la Caja de Ahorros Municipal

Van llegando coches y autobuses, La gente se va reuniendo en la plaza donde está la iglesia. Saludamos a muchos amigos, a Pelay, Linazasoro, Arteche, Aramburu, Basarri, Uztapide, Bello Portu, Unzurrunzaga, Irigaray, Alcorta, Labayen, Beobide y tantos y tantos más. Más tarde saludé también a Molina Plata. Muchos han venido con sus esposas e hijos. Gran cantidad de jóvenes, con sus vistosos atuendos montañeros, acuden a homenajear a Iztueta y a pasarlo en grande.

Pasamos a ver la exposición de pintura y escultura, en la que figuran obras del grupo Gaur. Esta exposición está montada en el frontón, a la vera de la iglesia, protegida de la lluvia por enormes toldos. Al otro lado del templo hay una exposición de dibujos infantiles y de libros y discos vascos.

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La iglesia se llena hasta los topes durante la misa. Una misa popular que, de oírla, haría morir de gusto a Iztueta si resucitara, y que, por distinto motivo, llevaría de nuevo a la tumba a un Mendiburu redivivo. Porque los chistularis penetraron tocando hasta el interior del templo, y después vino el acordeón, el famoso deabruko auspoa de los puritanos. ¿Qué diría a esto Mendiburu?, me susurra Arteche al oído. Y luego cantó un bersolari, y bailaron tres danzantes ante el altar, y en el momento más solemne de la misa se oyó la chalaparta, tocada con singular maestría. Semejaba a veces el sonido de campanas, de campanas de madera. El sermón lo leyó un benedictino vestido a la manera actual, de paisano. Ocho minutos de claro y sabroso euskera.

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La multitud se dirigió después hacia una placita que da a la casa natal de Iztueta, donde se organizó un aurresku. La punta y el cabo de la ronda —el aurre y el atze— los cubrían dos jóvenes y muy ágiles dantzaris, mientras que el centro estaba constituido por menos jóvenes y menos ágiles señores, escritores, bersolaris, músicos, periodistas, etc., así como por varios parientes de Iztueta. En un intermedio de la danza cantaron,con bella melodía y acertados versos en honor del homenajeado, los bersolaris Lazkao-Txiki y Lopategui.

Terminado este festejo, el público retomó en alegre kale-jira hacia la plaza de la iglesia. De bares y tabernas comenzaron a oírse canciones de improvisados orfeones.
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Se acercaba ya la hora de comer y nosotros tuvimos que volver a casa. En el camino de vuelta iba pensando que esta vez Guipúzcoa ha sabido honrar como se merece a uno de sus hijos distinguidos Juan Ignacio Iztueta amó a su País, y el País le ha correspondido no sólo con los sencillos y populares actos de este día, sino con otras manifestaciones culturales, conferencias, teatro, conciertos y, principalmente, con la ofrenda artística erigida en la antigua plaza de Vasconia, hoy 13 de Septiembre, donde una alada visión de la danza se asocia, con su color amarillo, al latir urbano de la capital guipuzcoana.
 

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