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"Iztueta", cuadro de Hombrados Oñativia, en el Ayuntamiento de Zaldivia, pueblo natal del gran artista  
La Voz de España 1967-8-9
Se habla estos días de él. Se aproxima el segundo centenario de su nacimiento y el Ayuntamiento donostiarra parece que trata de honrar su memoria con tal ocasión; al igual que lo iba a hacer el Ayuntamiento y pueblo de Zaldivia, lugar de nacimiento del gran artista.

Para empezar diremos que su filiación es: Juan Ignacio de Iztueta y Echeverría Arruabarrena y Elósegui, nacido el 29 de noviembre de 1767, en el pueblecito guipuzcoano de Zaldivia, en medio de un paisaje y panoramas de lo más bello y vario que imaginarse pueda. El más apropiado, sin duda, para cuna de un soñador exaltado, poeta verdadero, artista de sensibilidad suma, músico innato y excelente, igual que coreógrafo de altos entusiasmos y realizaciones. Que todo eso era nuestro personaje amén de un sinfín de cosas mas que por no disponer de más espacio—y algunas porque no quiero referir—me obliga a no aludir tan siquiera.

Desde muy joven lo vemos con sus ansias de historiador de Guipúzcoa, como de sus afanes por desarrollar en los pueblos los orfeones, grupos folklóricos, etc.

Quiere dar realce a la belleza y tipismo de las danzas, algunas de las cuales él mismo modifica y hasta crea.

En los grupos o comparsas él mismo toma parte activa cuando se exhibían por los pueblos, y hasta se destacaba por la belleza, agilidad y destreza al crearlas o interpretarlas.

Hemos tenido en nuestras manos y nos admiramos del primor de los bordados de sus ropas, chalecos, pantalones, zapatillas y boinas, que todo ello era de refinadísimo y asombroso buen gusto, y sus labores lo cubrían todo, produciendo el más fastuoso y fascinador efecto. En esto diremos que en nada se asemejan los actuales danzantes guipuzcoanos, de parco y sencillo  atuendo.

Llegó a tener bienes de fortuna, que varias veces supo dilapidar con desparpajo y magnanimidad, que tuvo alardes de  caridad tan originales, que sólo su relación retrata a un artista original, de cuerpo entero.

Las musas le rondaban siempre y muchas veces fácilmente componía versos —siempre en euskera— y que es una verdadera pena no se hayan recogido, pues por los que han perdurado parecen “demostrar el fuego de una espontaneidad rica, flexible y armoniosa”, (José Manterola, en su “Cancionero Vasco”, serie primera, tomo l.°, página do 35 a la 51).

Pero no sólo fue un verdadero y genial artista, sino que escribe y publica, en la imprenta de don Ignacio Ramón Baroja, en San Sebastián y en 1824, un libro en el que recoge y describe las danzas, música, costumbres, etc. del pueblo guipuzcoano, con el título de “Guipuzcoaco dantza gogoengarrien condaira edo historia beren zoñu zar eta itz neurtu edo versoaquin. Baita berac ongui dantzatzeco iracaste edo instruccioac ere” (185 páginas en cuarto mayor).

Dos años más tarde y en la misma  imprenta publica  su “Euscaldun Anciña ancinaco. Ta are lendabicico etorquien. Dantza on iritci porcarrigaitzic gabecoen”, etc. que, según dice en su “Introducción”, es ayudado por dos músicos: don Manuel Larrarte (a la sazón organista de Hernani), y el célebre profesor don Pedro Albéniz (hijo del donostiarra don Mateo, luego profesor del Real Observatorio de Madrid, profesor particular de la reina Isabel II, y autor a
su vez de un “Método completo de piano “).

En colaboración con don Pascual de Iturriaga, el culto poeta y fabulista hernaniarra, edita el libro bilingüe que titula “Carta eguitendiona”, en la librería Baroja, de San Sebastián, el año 1829.

Muere Iztueta en Zaldivia,  el 18 de agosto de 1845, y la Diputación se cree en el deber de editar una de sus ultimas obras aún inédita, sobre historia general de Guipúzcoa, y que se imprime en San Sebastián en 1847, con el título de “Guipuzcoaco provinciaren condaira, edo historia ceñetan jarritzen diraden arquiro veraren asieratic orainarte dagozquion gogo angarriac, etc.”, y se le concede a su viuda 500 reales (según vemos en el recibo al hijo de ambos, Antonio de Iztueta, en Zaldivia, a 30 de diciembre de 1845).

G. DE USABAL

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