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Fechada en Valladolid el 14 de septiembre «e 1848, el cuáquero Usoz del Río enilió una carta al señor conde de Gráberg de Heruso sobre Iztueta, y que en su día, fue publicada en el "Boletín de los Amigos del País" por don Angel de Irigaray (San Sebastián, 1958, páginas 279-280). Pío Bafoja, a quien el doctor donostiarra Ángel de Irigaray había enviado la carta del cuáquero, la reproduce también en su Guia del País Vasco, pagina 440, y hace referencia a esta carta años antes concretamente en 1943, en su novela "El caballero de Erlaiz" (pág. 110, ediciones "La Nave», Madrid).
 
Las nueras investigaciones llevadas a cabo en torno a la figura de Iztueta y de su obra, al mismo tiempo que confirman ciertas aserciones de Usoz del Río, ponen en evidencia que no todo lo que dice es verdad. No sabemos dónde ni por medio de qué persona pudo informarse. Hacia ya dos anos, en 1840, que Iztueta vivía retirado de San Sebastián en su villa natal, Zaldivia, acogido a la pensión vitalicia de seis reales diarios y en compañía de su tercera mujer, María Ascensión de Urrózola, y de hija de ambos. Martina Antonia.
 
La primera información a dicho conde no debió ser muy exacta, en cuanto que dice: "Yo informé a usted mal acérca de esta persona (habla de Iztueta) y de su libro. Ahora diré con más exactitud lo que sé mejor...»"
 
Dejando a un lado el estudio de otros pormenores, a los que volveremos en un próximo artículo, vaya dirigida hoy la atención a los siguientes errores o inexactitudes.
 
Usoz dice: ".-y estando Iztueta en la cárcel de Azpeitia, y no en la de la Inquisición, como él dice, compuso los versos de que le hablé a usted en la, anterior". Esto no concuerda con las "veinticuatro leguas y un millón de puertas" que le separaban de Conchesi, sino suponiéndole a Iztueta en la cárcel de Logroño, en donde debió escribir las estrofas. Si Usoz hubiera tenido noticias más concretas y hubiera examinado las estrofas de la citad» poesía hubiera encontrado en ellas un aire de distancia y de alejamiento, que le habrían obligado a una información más certera, y detallada. Quizás haya sido él motivo de confusión en muchos años.
 
Sigamos. Más adelante promete enviarle los versos;"si usted quiere le enviaré (los versos) manuscritos, pues nunca los imprimió Iztueta". Creo que esto hay que entenderlo "cum mica salis". De hecho, y en un periódico de Londres, publicó Iztueta por medio de Mendivil, después del libro de las danzas (1824) y antes del de la música de las mismas (1826), esto es, en 1825, las estrofas que aparecen en el texto del folleto que poseemos.
 
Se nos hace difícil también que el viajero y escritor Demvoski reproduzca en una carta fechada en Bilbao el 22 de septiembre de 1840, la segiindií y tercera estrofas en castellano, a no ser que ias hubiera recocido en el ambiente donostiarra y aprendido de memoria. Desde luego, difieren las versiones al castellano de "Kontxeshiri" de Iztueta y de Demvoski, siendo la de éste mucho mejor que la de aquél
 
Continúa Usoz: "...la conchesi murió, y ahora Iztueta está casado en segundas nupcias con otra guipuzcoana no menos famosa ni menos buena moza que lo que fue la Conchesi". Lo cual no es cierto ya que está en el conocimiento de muchos que Concepción Bengoechea fue la segunda mujer de Iztueta.
 
Lo que si concuerda planamente con la tradición familiar de los descendientes de la tercera mujer de Iztueta, los, Pérez Yarza Bajineta de Bilbao es que la última mujer fue guapísima y buena moza. La biznieta de Iztueta, doña Rosario Bajineta Abina Portuondo Iztueta, repite con frecuencia la anécdota oída muchas veces a su madre y ésta de Martina Antonia Iztueta, madre a la vez de Presentación Ahina Iztueta. Iba María Ascensión Urrózola (la tercer» mujer de Iztueta) a caballo con una acompañante y un viandante se le plantó delante y dijo:"Dicen que la mujer de Iztueta es la más guapa de las provincias Vascongadas, pero más que tú no puede ser".
 
Tampoco Usoz da en el clavo cuando habla de "dos eclesiásticos" como aprobadores o censores de los libros de Iztueta, "don Ramón EIórza y el otro". Aquél si era párroco de Azcoitia, pero el otro es Santiago de Únceta, diputado vergares.
 
El proceso, por robo de una arquilla de dinero en la Iglesia de Olaverria, del hermano de Iztueta, y que obrando en el Ayuntamiento de Azpeitia no creo que nadie haya leído (yo no, al menos) como otras investigaciones que se hagan en aquella localidad, pueden dar mucha luz sobre los puntos de la carta de Usoz.
 
Jose Garmendia

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