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Aralar.  
Antxon Iturriza
Existe un Aralar bravio, como el de malloak; un Aralar misterioso, como el de los bosques del realengo; un Aralar agresivo, como el de la arista de Txindoki, y existe también un Aralar suave, asequible, bucólico y femenino. Y esa es la cara amable que la popular sierra ofrece al caminante al recorrer las majadas de intsentsao,  Oidui y Enerio

En su monografía sobre Aralar, el recordado maestro y amigo Luis P. Peña Santiago recogió un curioso pasaje referido a la vida de José Antonio Olano, que fue maestro de danzas guipuzcoanas y continuador de Iztueta en la labor de conservación del folklore vasco.

Olano, que al igual que Iztueta había nacido en Zaldibia, siguiendo la pauta marcada por su antecesor había creado en Ordizia la primera escuela de danzas guipuzcoanas. En 1856 él y su cuadrilla de dantzaris fueron contratados por el Ayuntamiento de Iruñea para bailar en la capital Navarra con motivo de las fiestas de San Fermín. Cuentan que todos partieron del pueblo la víspera y, caminando a través de las sendas de Aralar, llegaron antes de anochecer a su destino, sin que al día siguiente nadie advirtiera ninguna muestra de cansancio durante su actuación en la plaza pamplonesa.

Con unas pretensiones andarinas mucho más modestas, hoy recorreremos parte de esa ruta que Olano y sus dantzaris cubrieron con tan excepcional facilidad.

Ya hemos citado que el folklorista e historiador guipuzcoano Juan Ignacio Iztueta había nacido en Zaldibia. El próximo 29 de noviembre se cumplirán 227 años de este hecho, que ocurrió en la casa Kapagindegi. Precisamente, este edificio, situado en el núcleo urbano, al borde mismo de la carretera hacia Larraitz, marcará el inicio de una pista  cementada que ha venido a cubrir el antiguo camino hacia Nafarroa. Al final de esta pista llegaremos al lugar conocido como Depósitos, donde dejaremos el coche para emprender la andadura.

Desde los primeros pasos apreciaremos la envergadura de la antigua calzada que nos conducirá hasta las majadas de la sierra. Tomamos provisiones de agua en la próxima fuente de Gaitzola, recientemente restaurada, al igual que algunos tramos iniciales de la vieja ruta, y nos adentramos en la montaña pisando las mismas losas desgastadas que vieron pasar con paso ágil a Olano y a sus dantzaris.

Esta calzada de Zaldibia, que trepa sabiamente por la ladera hasta alcanzar los pastos despejados de Matxabaletako zelaie, constituye un magnífico testimonio de lo que fueron los antiguos caminos de nuestra montaña.

Cuando el paisaje deja atrás los hayedos, la imagen pastoril de Aralar se nos muestra con toda la serena estética del otoñe Caminamos un pequeño valle que se adentra en el hayedo todavía dorado. Los restos del dolmen de Arrastaran son los anunciadores de la proximidad de Jentilarri, el dolmen más emblemático de Aralar.

Poco más adelante, la majada de Oiudui, esparcida entre hayas y fresnos compone uno de los entornos más bellos de toda la sierra. Próximo, sobre un promontorio, queda el menhir de Zupitaiz. Continuamos avanzando en una componente SE hasta alcanzar la majada de Enerio. El panorama se abre ante nosotros hacia el paso de Baiarrate, hacia la endonada de Errekabeltz, hacia las laderas boscosas de Putteri. Pero nuestro rumbo se dirigirá hacia el vallecito que forman las laderas de Uarrain y Akaitz.

A partir de Enerio dejamos de lado el ancho camino que iba al encuentro de la antigua Casa Forestal, para tomar un sendero que se dibuja un poco más arriba. La ruta, estrecha pero bien marcada, conduce sin apenas desniveles hasta la entrada de las dos bocas de las antiguas minas de hierro de Iturbletz.

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