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Reseña Biográfica
ANTES de entrar en la lectura de estos manuscritos es obligado hacer un poco de luz, ofrecer siquiera una sumaria y bien documentada información del "curriculum vitae "de Iztueta.
 
Comencemos por los ascendientes. Su bisabuelo procedía de la Casa Torre Iztueta, de Lazcano.

Bautizado en aquella localidad guipuzcoana el 3 de diciembre de 1673, se casó en enero de 1702 con Tomasa Garmendia, natural de Mutiloa (Guipuzcoa).

El abuelo de nuestro dantzari, José de Iztueta y Garmendia. fue bautizado en Mutiloa el 27 de abril de 1702, así como sus hijos José de Iztueta y Arruebarrena, el 26 de agosto de 1731, y Miguel, el 9 de enero de 1734.

Los padres de Juan Ignacio fueron José de Iztueta Arruebarrena y María Ignacia de Echeverria y Elosegui natural de Zaldivia y bautizada en su parroquia el 4 de diciembre de 1737. Todos los antepasados de Maria Ignacia son oriundos y aparecen afincados en Zaldivia.

Los solares de sus apellidos proceden: Iztueta de Lazcano; Arruebarrena, de Zaldivia; Jauregui, de Azcarate (Navarra), y Garmendia, de Abalcisqueta.

Aunque en el testamento del padre de Juan Ignacio, de fecha del 17 de septiembre de 1789, aparecen siete --Diego Ignacio, Maria Ana, Juan Ignacio, Maria Micaela, Ana Francisca, José Maria y Francisco Ignacio--, fueron diez los hermanos, algunos de los cuales debieron de morir en su infancia.

Juan Ignacio nació el 29 de noviembre de 1767 y era el tercero de los hijos.

Hasta ahora se ha venido considerando a los Iztueta como unos humildes marragueros. Sin duda alguna hay que cambiar esta estampa de pobreza de la familia Iztueta y, por lo tanto, de nuestro dantzari.

De todos modos, los padres de Iztueta eran un poco hacendados y no pobres para aquel tiempo, ya que ellos construyeron la casa “Iztuetaenea” donde nació nuestro dantzari y eran poseedores de varias tierras. El 2 de marzo de 1803 la casa fue evaluada en 12.999 reales.

Además, José de Iztueta promovió en Zaldivia en 1773 el expediente de Hidalguía, en el que se ponen de manifiesto diferentes "oficios honoríficos" de su abuelo y antepasados.

El 4 de marzo de 1775, hallándose congregadas las Juntas generales de la Provincia en Renteria, se admite la pretensión de don José de Iztueta y sus hijos, que han demostrado tener "los millares necesarios" ordenándose que se les alisten con los demás hidalgos. Este expediente de Hidalguía obra en el Archivo Municipal del Ayuntamiento de Villafranca de Oria y una copia autenticada del mismo en el hogar de los Pérez-Yarza en Bilbao.

Esto mismo nos dan a entender los testamentos y otros documentos públicos, el oficio de organista que estuvo aprendiendo uno de los hermanos de nuestro biografiado en Azpeitia, etc., etc.

Diego Ignacio, desposado con Maria Francisca de Zurriarain, de Abalcisqueta, murió el 7 de junio de 1779, a la edad de 40 años.

Maria Ana contrajo matrimonio con José Antonio de Mancicidor (1) y vivió en Zaldivia.

Maria Micaela, casada con Juan Maria de Urdangarin, de Ataun, el 1 de febrero de 1790, un mes más tarde que Juan Ignacio, murió el 8 de septiembre de 1793, a la edad de 22 años, siendo sepultada en la parroquia.

Ana Francisca enlazo el 2 de abril de 1798 con Pedro Francisco de Armendariz, pasando sin velar a Azpeitia, de donde era natural su marido, habiendo obtenido dispensa del cuarto grado de consanguinidad en que eran parientes.

José Maria estuvo instruyéndose en el oficio de organista en Azpeitia, casando allí con Javiera de Vicuña, el 2 de agosto de 1803.

En la boda anterior aparece Juan Ignacio como testigo, no asÌ en esta última de 1803, ya que se hallaba en la cárcel de la misma localidad.

Del último hermano, Francisco Ignacio, se ignoraba el paradero en el testamento de la madre del 14 de marzo de 1808. Se ha dado con su proceso en Azpeitia "por robo de una arquilla de dinero en la iglesia de Olaberria ". He podido averiguar que era vecino de Zumaya, y su hijo Fermín, de Ezcaray, provincia de la Logroño.

El padre de Juan Ignacio, "hallándose enfermo en cama con avanzada edad"--como dice el testamento--, murió a los 58 años, el 29 de septiembre de 1789, siendo depositado su cadáver en la parroquia.

La madre murió el 14 de marzo de 1808, después de 19 años de viudez. Para esta fecha, de los diez hijos habidos en el matrimonio, habían muerto todos, menos Juan Ignacio, que se hallaba casado en segundas nupcios con Maria Concepción Bengoechea, la “Kontxeshi” residente en Azpeitia; Francisco Ignacio, ausente sin que se supiera su paradero, y Maria Ana, casada con José Antonio Mancisidor.

José María, el que estuvo aprendiendo el oficio de organista en Azpeitia, ya casado, vivía con su madre viuda, ocasionándole muchos disgustos, ya que no dio cumplimiento a la paga de las deudas ni al suministro de alimentos, revocando y anulando la escritura concedida a dicho José María, y trasladando el compromiso a su hija María Ana, mujer de José Antonio Mancisidor, quienes la suministraron todos los alimentos desde el 9 de abril de 1803 hasta el 14 de marzo de 1808.

Ya es hora de que vengamos a hablar de nuestro biografiado, después de haberle enmarcado en el cuadro familiar. Poco realmente puede conocerse de la intimidad de una vida, si es que se dejan a un lado estos vínculos, las relaciones familiares con los acontecimientos subsiguientes, etc., etc.

No es posible ahora ofrecer el marco geográfico e histórico de su pueblo natal, Zaldivia, con sus 18 casas en el casco urbano y 96 familias dedicadas a las faenas del campo o al pastoreo en la sierra de Aralar, con sus parcelas de lino, bosques de castaño y zarzas, donde saltaban las cabras, y a las que Iztueta dedicara sus versos. Había un sordo rumor de telares, al menos en tres de sus casas.

A nosotros ha llegado, a través de la tradición, un Juan Ignacio bajo de estatura, de sano color y ojos vivarachos, de un humor inalterable y conciliador y conocido con el sobrenombre de “Txuri”. Todo da a entender que era un muchacho despierto, en el que hacen mella las cosas más triviales y que al mismo tiempo encuentran en él un versificador que lo repentiza todo.

De aquí su participación en las tertulias, su espíritu de capitán de pandilla, de quien sobresale y se impone por su personalidad, al mismo tiempo que por su admiración a la danza.

A pesar de todo lo que se ha escrito sobre los años oscuros de su vida que iban de 1800 en adelante hasta 1824, para quien quiera estudiar a Iztueta, esta primera parte de su vida resulta harto difícil.

Ante la grafía, ante la cultura que llegó a adquirir con los años, se hace ineludible la pregunta: ¿Dónde, cuando y como adquirió su formación?

Por los datos que hemos encontrado en Zaldivia sabemos de una persistente queja contra la precariedad de la enseñanza en la escuela y las malas condiciones que reunía el local. Incluso hubo momentos en que estuvo a punto de desaparecer.

Años más tarde se nos dice que los maestros y maestras venían desempeñando gratuitamente y a satisfacción del vecindario la escuela dominical, con asistencia de más de 50 alumnos.

Sin que pase de una suposición, yo he pensado más de una vez de alguna estancia de Juan Ignacio en el Convento de los Padres Carmelitas de Lazcano, al que aparece vinculada su madre y donde estudió Lardizabal, el autor de Testamentu zar eta berrico condaira. También allí iba a pasar unos años Bartolomé de Santa Teresa, enemigo de Iztueta, en cuanto al juicio sobre la moralidad de los bailes.

Dejando estas cosas, vayamos ya a las pruebas documentales y al primer hecho significativo de su vida: el matrimonio.

Iztueta se casó por primera vez a la edad de 23 años, el 11 de enero de 1790, y en su mismo pueblo natal, con Maria Joaquina de Linzuain, natural de Urnieta (Guipúzcoa). De este matrimonio, según los libros parroquiales de Zaldivia, tuvieron cinco hijos: José Ignacio (1 de noviembre de 1790), Maria Ana (31 de octubre de 1792), Maria Antonia (14 de noviembre de 1794), Josefa Francisca (4 de marzo de 1797) y José Manuel (16 de noviembre de 1799). (Ver libro 4 de bautizos, folios 6, 23, 42, 68, etc.).

Este matrimonio duró doce años, muriendo Maria Joaquina el 26 de marzo de 1802, a la edad de 33 años, mientras su marido estaba en la cárcel de Azpeitia.

De los hijos habidos de este matrimonio, solamente tenemos noticias de Josefa Francisca, que vivió en compañía de su padre en San Sebastian, y de un hijo dantzari, tal como aparece en la correspondencia, ignorando su nombre. Tuvo también de estos hijos, una casada en Vitoria, sin que sepamos si era Maria Ana o Maria Antonia.

Josefa Francisca se casó el 11 de agosto de 1817 en la parroquia de San Vicente de San Sebastian con don Joaquin Ramón Soraiz, viudo, natural y residente en San Sebastian, con ésta que era natural de Zaldivia y residente en la ciudad, siendo padrinos Juan José Aramburu y don Juan Angel Mezquiriz, y vicario Vicente Andrés de Oyanarte. De una hija de éstos, Calixta Soraiz, se habla en el testamento de Iztueta y "recordación de la hija muerta", puede referirse a la madre de ésta, Josefa Francisca.

Según un documento, publicado en el "Boletín de los Amigos del País", año XXIV, cuaderno 1, 1968, por don Jesús Elosegui Irazusta el 6 de diciembre de 1801, estaba arrestado en las cárceles de Villafranca de Oria, y desde el 1 de mayo de 1802 en Azpeitia, (por lo menos hasta el 4 de mayo de 1804).

Encierra mucho interés el hallazgo de este documento, ya que viene a iluminar una zona muy oscura del tiempo que va de 1800 hasta 1804.

Dice así dicho documento:

Azpeitia, 4-V-1804.

Por esta carta, Juan Ignacio de Iztueta, natural de la villa de Zaldivia, preso en las reales cárceles de esta villa de Azpeitia, digo que el día 6 de Diciembre del año pasado de 1801 fui arrestado a las reales cárceles de la Villa de Villafranca, por orden del Sr. Licdo, D. Joaquín Antonio de Mendizabal, juez comisionado de la Sala del Crimen de la Real Chancillería de Valladolid, por la sustanciación y determinación de la causa formulada sobre el robo ejecutado a Martín Antonio de Aldasoro (2), vecino de la villa de Gainza, de cuyas cárceles me trasladaron a las de Tolosa en 18 del mismo mes y año y en 11 de Mayo del siguiente año de 1802 a las de esta dicha villa, y sin embargo de que ha transcurrido el tiempo de dos años y a más he practicado las más vivas y eficaces diligencias, presentando pedimentos y buscando a dicho juez comisionado por personas de timorata conciencia, no he podido conseguir el que se me reciba mi confesión en lo que se me imputa, y no siendo regular que se me haga padecer constante dilación sin poderme vindicar de las imposturas y maledicencias que han querido dar destinadamente acumularme mis émulos poco timoratos de Dios, sin atender a los perjuicios que se me están siguiendo y al estado miserable de mis hijos por la indigencia que sufren sin que pueda socorrerles con mi trabajo e industria, he resuelto hacer presente todo lo que me ocurre a la Sala del Crimen de la Real Chancillería de Valladolid por medio de reverente recurso... a fin de que los Srs. que les componen apiadándose de mi estado lamentable y de la de mi familia par una inacción tan dilatada y que debe ser mal vista atendida la humanidad tomen la providencia de que se me reciba mi confesión, haciéndome cargo y culpa si hubiera por qué y evacuado todo se finalice la causa dentro de un breve término, condenándome si acaso resultase algo contra mí, y si no, absolviéndome de los recelos infundados con que he sido arrestado.

Y cerciorado del derecho que me compete en la vía y forma que más haya lugar en derecho para el efecto, otorgo todo mi poder cumplido y el que en derecho se requiere y es necesario a D. Paulino Alconero Pérez, Procurador de dicha Real Chancillería, con cláusula y facultad expresa de que lo pueda sustituir en quien y las veces que le pareciere, especial para que haciendo merito con las justas razones que quedan asentadas y otras que le suministraron la instrucción que le dirijo, disponga con abogado de su confianza el recurso competente y obtenga la provisión que corresponda en justicia de los Srs. jueces de dicha Sala del Crimen, para que me reciban mi confesión y se finalice la causa, señalándose para el efecto mantenerme fijo, o si no se me dé soltura bajo de fianza abonada luego que se me reciba dicha confesión y hasta que salga con mi ministerio, haya y aclare a cuanto a un derecho convenga, presentando en su razón pedimentos, documentos, etc., etc.

En el comentario que antecede y sigue a este documento, don Jesús Elosegui se ampara en una cita manuscrita de F. J. de Aizquivel (1851) para decir o demostrar un día que "estuvo preso seis años por una falsa delación", y por otro lado, "deduciéndolo del testimonio de Usoz en su carta del 14-IX-1842, que la composición "Contzeziri", tal como hoy la conocemos, no se halla completa....

Creo que en el comentario a este documento don Jesús Elosegui se empeña en vano para seguir tanto el testimonio de Aizquivel como el de Usoz.

Vayamos por partes.

En cuanto a los motivos de la prisión de Iztueta, no caben falsas delaciones. Una tradición bien fundada en Zaldivia a través de la señora Jacinta, nacida una decena de años mas tarde de la muerte de Iztueta, como de su hijo Antonio Armendariz, nos había de actos de latrocinio y pillaje de Iztueta.

No cabe echar en saco roto testimonio tan directo. Por otra parte, cuando escribimos "aclaraciones sobre Iztueta" (3), decíamos:

Hay que descartar para siempre que Iztueta estuviera preso por ideas políticas o de avenencia con las tropas invasoras, como alguno ha escrito. El motivo no fue de orden ideológico, sino ético, moral.

Estas cosas no se hubieran podido escribir, caso de haber leído con cierta detención, las páginas de su Guipuzcoaco condairaª. Allí en el capítulo V de la tercera parte del libro, nos darán razón, sin decirlo exactamente, lo que debio constituir el motivo por el que estuvo en la cárcel. Capítulo éste muy interesante e importante para entender la vida de Iztueta...

La vida de Iztueta, poco asendereada, debía ser conocida de muchos según hace ver en este capítulo y más por sus paisanos. Hablando de ese estado de amancebamiento, nos dira: " Badaquigu guerala guztioc Adaen sañetic sortutaco gueldo aul irristalariac", para después añadir: "asenar-emazte aldia asco ezagutu izan ditut nere jaiotoquien eta auzoco-errietan, guisa berperean alcarganatuac. Beragaitic, eta icenduta dedan moduco billera-etan bein baño gueiagotan nerau izan naizelaco..,".

Ante el temor de ser criticado por sus conocidos por meterse en terreno de moralista y consejero, en contradicción práctica con su vida, insistirá: "Badaquit nic, chorotzat emango nauena ascoc eta ascoc lambide onetan ari naizalaco; baita ere, Euskaldunac izango dirala maishiatzalle oec" (críticos).

Y ya que escribo desde Sevilla, yo tengo a Iztueta por el más andaluz (si esto se entiende por exagerado) de todos los escritores vascos. Todo su libro es exaltación de las cualidades y bienes que adornan al pueblo vasco. En el capítulo citado hace un encendido elogio de la armonía mutua, del espíritu de ayuda y servicio, del compañerismo, y con unas palabras después se contradice y destruye el capítulo entero: “Ya sé que los murmuradores y criticones serán vascos”. Te pido, Iztueta, un favor: que no me cuentes entre ellos, porque no me empuja a mí el oficio de juez, sino de sacerdote "escogido de entre los hombres" para absolverte de tus pecados pasados y porque sé que el espíritu que, contra toda crítica, te hizo escribir estas líneas, estaba animado de un sincero arrepentimiento y de sabio consejo desde la altura de tu vida, asomada ya a horizontes de eternidad.

A la vista de esta autoconfesión, no cabe la menor duda de que Iztueta anduvo complicado y muy complicado, quizá en asuntos más graves, que no son de este lugar. Yo creo que compartió la cárcel con Concepción Bengoechea, presa por infanticidio y otras inmoralidades en la misma causa.

Creo que estas líneas quedan confirmadas en el hecho del abandono en 1806 de Ignacia, fruto de sus ilegítimos amores con la Conchesi, en el homo del caserío de Aldecaitz.

Los documentos, debidos a la amabilidad diligente del coadjutor de la parroquia de Azpeitia, don Lorenzo Zubelia, arrojan mucha luz sobre este punto tan oscuro y que ha sido calificado por muchos como el caballo de batalla en la vida de Iztueta. Transcribimos ambos porque merecen la pena.

Parroquia de San Sebastian de Soreazu. Diócesis de San Sebastian. Libro 12. Folio 87.

Nota.—Según orden del Sor. Obpo. diocesano de 21 de abril de 1853, esta niña se halla declarada, reconocida y legitimada pr. hija legitima . de D. Juan Ignacio Iztueta y de D.ª Mª. Concepción de Bengoechea y se ha extendido partida separada al folio 174 del libro nº.15 de bautizados.

En trece de Julio de mil ochocientos y seis, yo el infrascrito Rector de la Real Iglesia Parroquial Matriz de la Villa de Azpeitia bauticé en ella una niña que me dijeron se halló en el Orno del caserío de Aldecaitz hacia las doce de la noche pasada vestida con un juboncito blanco y con lamedor a su lado. La recogió la Justicia. y habiéndome preguntado de su orden la hora en que podría bautizarla, conformes en ella se presentó según costumbre en la oblación de pan vela y toalla de cuenta de la Villa. Se llamó Ignacia, y fue padrino el uno de los dos alguaciles Juan Ignacio Iparraguirre a quien advertí lo que previene el Ritual.

Doctor don Ignacio Nicolás de Odriozola.

Parroquia de San Sebastian de Soreasu. Diocesis San Sebastian. Provincia, Guipuzcoa.

Libro 15. Folio 174 v. N.º 109.

Notas marginales.--Esta partida debía obrar al folio 87 del libro número 12 de bautizados de esta Iglesia Matriz. Abalia


“Día trece de Julio de mil ochocientos y seis; el Presbítero D. Ignacio Nicolás de Odriozola, Rector que fue de la Iglesia Parroquial Matriz de San Sebastian de Soreazu de esta villa de Azpeitia, bautizó en dicha parroquia a una niña que dijeron haber nacido sobre las doce de la noche anterior, hija de Don Juan Ignacio de Iztueta, natural de la villa de Zaldivia y de Doña Maria Concepción de Bengoechea, natural de la ciudad de San Sebastian ya difuntos conyuges y residentes que fueron en esta villa de Azpeitia: se le puso por nombre Ignacia: Abuelos paternos Don Pedro José de Iztueta y Doña Maria Ignacia de Echeberria; los maternos Don José Bernardo Bengoechea y Doña Maria Angela de Otano; fue su padrino Juan Ignacio Iparraguirre, vecino de esta villa, a quien advirtió el referido Rector lo que previene el Ritual Romano. Y por echarse de menos esta partida al folio ochenta y siete del libro número 12 de bautizados de esta matriz, en donde correspondía extenderse, se anota en este lugar, advirtiendo el actual párroco que suscribe, lo hace a virtud de expreso mandamiento del Excrno. e Iltmo. Sr. Obispo de esta Diócesis. Azpeitia a veinte y cuatro de setiembre de mil ochocientos cincuenta y tres”.

“D. José Manuel de Abalia”-

Se puede así asegurar que Iztueta mantuvo relaciones extra-matrimoniales con Conchesi. ¿Desde cuándo?

El motivo de la cárcel de Conchesi debió ser éste del abandono de Ignacia en el homo del caserío de Aldecaitz y del nuevo encarcelamiento de Iztueta, esta vez en Logroño, hasta que se vieron libres en 1808. Con estos hechos se pueden explicar los seis años de la cárcel y la distancia de “veinticuatro leguas y un millón de puertas” que les separaba a ambos día y noche.

Queda todavía, sí, otra época oscura desde sus segundas nupcias con Conchesi en 1808 hasta el 1814.

Tampoco nos parece posible seguir el testimonio de Usoz de que la composición “Cotsesiri” tal como hoy la conocemos no se halla completa.

Las conocidas estrofas son las que hallamos en el folleto de Mendivil sobre las danzas, publicado en Lodres el año 1826 y copiado de puño y letra por Iztueta, Es extraño que este quisiera suprimir algunas, en el caso de que hubiera escrito más.

De todos modos, y lo hemos dicho en alguna parte, el problema serio de la vida de Iztueta son los años y el lugar donde recibiera su formación. y más si se tiene en cuenta que ni sus padres ni algunos hermanos suyos sabían escribir.

Conchesi fue bautizada el 28 de enero de 1776 por don Joseph Antonio de Arrieta, vicario perpetuo de la Parroquial de San Vicente, habiendo nacido el último día de diciembre de 1775, hija legítima de Joseph Bernardo de Bengoechea y Maria Angela Otaño. Aparecen otros hermanos suyos, como Joseph Antonio, bautizado el 9 de octubre de 1789, y el de Michaela Petronila, el 31 de mayo de 1786.

Debió ser Concepción la hija mayor.

Libres ya de la cárcel, se unieron en matrimonio en Azpeitia el 9 de febrero de 1808. Por cierto, aparece como testigo de esta boda el mismo alguacil, Juan Ignacio Iparraguirre, que recogió en 1806 a la niña Ignacia en un homo y que fue padrino en el bautizo.

Por lo menos, en, 1814 aparece Iztueta afincado en San Sebastian, en compañía de su familia.

El 28 de marzo de 1815 murió, después de haber recibido los Santos Sacramentos de la Penitencia y Comunión, Concepción Bengoechea, natural de San Sebastian, casada con Juan Ignacio Iztueta, y al día siguiente su cadáver fue sepultado en el camposanto, y por ser verdad, firme Vicente Andrés de Oyanarte
(Libro 5 de finados de 1813 a 1849, folio 6).

Ignacia vivió con su padre hasta el 3 de marzo de 1828, en que precedidas las tres amonestaciones que dispone el Santo Concilio de Trento en esta parroquia y en las de San Martín de la villa de Ataun y Santa Maria de la de Segura; y previos la recepción de los Santos Sacramentos de la Penitencia y Comunión y el consentimiento gradual de los interesados: Yo, don Francisco Xavier de Marín, vicario perpetuo de San Vicente Levita y Mártir, asistí al matrimonio que contrajeron entre sí por palabras de presente don José Antonio de Aspiazu, soltero, natural de Segura y residente en Ataun, hijo legítimo de José Vicente de Aspiazu, natural de Zumarraga, y de Josefa Antonia de Barandiaran, de Segura, y dona Ignacia, hija de Juan Ignacio de Iztueta, natural de Zaldivia, y de Concepción Bengoechea, natural de ésta, siendo testigos el Licenciado don Luis de Arocena, don Juan Bautista de Arrizabala y don Bruno de Zarate (Libro 9 de casamientos, folio 55).

En fecha de 8 de abril de 1828, un mes más tarde de la boda de su hija Ignacia, contrajo Iztueta sus terceras nupcias con Asunción Urrozola, de la iglesia de San Millán de Cizurquil, residentes ambos en la ciudad de San Sebastian, siendo testigos Antonio Sasiain y Juan Tomás Alberdi, y el vicario de San Vicente, Francisco Xavier de Marín (Libro 6 de casamientos, folio 55).

Maria Ascensión Urruzola nació en 1808 en el caserío Andresqueta de Cizurquil.

En ocho de marzo de mil ochocientos y ocho, yo D. Ramón de Muxica, presbítero, con licencia del Sr. Vicario, bauticé a María Ascensión, hija legitima de Domingo de Urruzola y Maria Manuela de Larrondobuno, nieta por parte paterna de Juan Antonio y Maria Catalina de Irazusta, naturales de Alquiza, y por la materna de Juan Antonio y María Magdalena de Beldarrain naturales de ésta.

Nació a las siete de la mañana de la mañana precedente. Fueron padrinos Ascensio de Larrondobuno y María Antonia de Urruzola, a quienes advertí el parentesco espiritual que contrajeron y la obligación de enseñar la doctrina cristiana y firme a una con dicho Sr. Vicario, Ramón de Muxica.

Juan Miguel de Beldarrain. (Libro 3.∞ de bautizados, folio 160, n.0 7.)

Dato éste muy interesante, si se tiene en cuenta que María Ascensión contaba con 20 años y 61 Iztueta. en el momento de casarse éste por tercera vez.

De este matrimonio tuvieron dos hijos: Martina Antonia, bautizada el 13 de marzo de 1829, siendo padrinos Pedro Antonio Sasiain y María Martina Urcola, vicario Marín (Libro 10, folio 123), y otro hijo, llamado Pedro, en fecha del 24 de diciembre de 1831. siendo vicario Gregorio José de Echave y padrino Pedro Belderrain, natural de Hernani (Libro 10, folio 179, n. 146). Este debió morir pronto.

María Ascensión (era conocida por Asenchi) vivió con su hija Antonia en Zaldivia de 1840 a 1845 y unos años más, hasta que por consejo de ésta y dada su beldad se casó de nuevo sin tener descendencia con don Pedro José de Ezpeleta, segundo comandante con grado de teniente coronel de Infantería en activo servicio.

Antonia casó con don Andrés de Abina, capitán con grado de teniente coronel de Infantería retirado. Sin duda se conocieron en Burgos, en una de las tertulias, con motivo de su estancia en la ciudad en que Iztueta tenía casada a su hija Ignacia con Aspiazu, Pero para todo esto, véase el reportaje gráfico de los descendientes de la tercera mujer, al final del libro.

Resumamos brevemente su vida en San Sebastian donde se encontraba, al menos en 1814, en compañía de Kontxesi, de Ignacia, de Valentín y de Josefa Francisca, hija de la primera mujer, que se casó en 1817.

De este Valentín hemos sabido que era el primer fruto legítimo, nacido a fines de 1808, de Conchesi.

Su segunda mujer muere en 1815.

El año 1824 publica el libro de las danzas y el 26 el de las melodías.

En 1828 contrae Iztueta sus terceras nupcias con Maria Ascensión Urrozola.

Vigilante de la Puerta de Tierra, llega a poseer dos casas en la calle de Fermín Calbetón, las cuales perdió en tiempo de la guerra carlista.

En el registro de las Juntas Generales de Guipúzcoa de los años 1829, 30, 31, 32 en adelante y en la rama de policía se da cuenta de las pagas como celador de la Puerta de tierra de la ciudad de San Sebastian.

Referente al año 1835, se dice así: “A don Juan Ignacio de Iztueta por el importe de dos libramientos que expidió a su favor la Diputación foral con fecha 1 de noviembre y 1 de diciembre de 1835 para pago de su sueldo como alcaide de Corregimiento de esta provincia. 610 reales vellón”.

De modo que Iztueta --preso en la cárcel durante años—llegó a ser jefe o alcaide de la prisión. Dotado de gran talento práctico, es extraordinaria, por fuera de lo normal y sumamente curiosa la figura de Iztueta. Supo sacar partida de todo, ser dueño en las circunstancias mas difíciles, dar muchos quites, capear embestidas y salir a salvo de los temporales más arriesgados.

En la celebración anual del aniversario del Abrazo de Vergara, en la relación de los gastos de 1841, la cuenta del gasto de Iztueta por la comparsa es de 3.250 reales, la más elevada por mucho, a excepción del banquete.

Omitiendo su ideario político, digamos que se relaciona y anda muy metido dentro del mundo literario en torno al vascuence.

En enero de 1840 se encuentra ya en Zaldivia con la pensión vitalicia de seis reales diarios, rodeado del amor de su sobrino y apadrinado Juan Ignacio Mancicidor, en tertulias frecuentes con Lardizabal.

Muere el 18 de agosto de 1845.
______________________________________

(1) Después se ha trocado en Mancisidor, como Urruzola en Urrozola.
(2) Era este esoribano numeral de la de Cerain, residiendo en Gainza en la casa Zapataritegui, y natural de Beasain. Hemos visto muchos documentos firmados por él en Gainza, en donde por otra parte Iztueta tenia tíos por parte del padre( viviendo en su casa concejil. (La valoración es nuestra).
(3) “El Diario Vasco”, 20-X-67.
Jose Garmendia

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