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EL IDEARIO ILUSTRADO EN IZTUETA.
Porque Iztueta, como hijo de su tiempo, también comparte la ideología ilustrada. En ocasiones se ha dudado de ello, pero me parece que es parte no ya innegable, sino esencial dentro de su obra(1). No son demasiados los autores que cita Iztueta en su mencionada Gipuzkoako dantza gogoangarriak . He indicado ya al más conocido de todos, Gaspar Melchor de Jovellanos, figura central de la Ilustración española y ministro de Carlos IV. Debemos al más profundo conocedor de la figura de Iztueta, José Garmendia Arruabarrena (1984), la referencia sobre un autor mucho menos conocido, pero que es absolutamente esencial en la obra de éste: Don Preciso, esto es, Antonio de Zamácola e Iza. Escribano de profesión, había destacado y participado en su juventud en concursos de tamborileros y bertsolaris en su Vizcaya natal. Tildado repetidas veces de afrancesado (como también lo sería Iztueta) se vio obligado a vivir en Madrid tras la Guerra de la Convención y a exilarse a Francia, donde murió, tras la de la Independencia. Paradójicamente, sus diversos escritos sobre música y sobre danzas(2) merecieron elogios, por su españolismo, de Menéndez Pelayo o de Barbieri, hasta el punto que Garmendia lo califica de “primero que habló en España de música nacionalista”. Su influencia sobre Iztueta, como veremos, es absoluta. Y lo es desde su misma raíz: la unión de la ideología ilustrada, y más concretamente roussoniana, y la del apologismo vaco.
 
Empezaré por la que más me interesa en este momento: la filiación ilustrada de Zamácola. No hablaré de sus ideas políticas, que le condujeron, como a muchos ilustrados que colaboraron con la monarquía de José Bonaparte, al destierro. Mi interés se dirige a las teorías estéticas que propugna, que no son otras que las ideas ilustradas, calcadas en ocasiones directamente de Rousseau, y sin las cuales resulta difícil explicar algunas de los afirmaciones que se pueden leer en la obra de Iztueta. Teorías expresadas en buena parte, como es sabido, a raíz de las famosas polémicas suscitadas por la representación en París de La serva padrona de Pergolesi. El filósofo, compositor y teórico de la música se mostró ardiente partidario de la misma, así como de la ópera cómica italiana en general.
 
Una de estas ideas roussonianas es la de que la música debe estar subordinada a la poesía. La música instrumental es por ello inferior a la vocal. Se dirá que no es precisamente el aspecto más original de la estética musical del ginebrino. En efecto, es casi un lugar común en toda la música anterior al siglo XIX. Pero sí lo es su concreción: en palabras de Fubini (1990, 206) “Rousseau prefiere el canto por volver a encontrar la música su naturaleza originaria a través de él”. En un mítico principio:
 
“no había otra música que la melódica, ni otra melodía que el sonido modulado de la palabra; los acentos constituían el canto, las cantidades conformaban el ritmo y se hablaba tanto por medio de los sonidos como por medio del ritmo y de la articulación de las voces”(3)

La civilización trajo consigo el desafortunado hecho de que las lenguas perdieran su melodiosidad inicial y sirvieran únicamente para expresar razonamientos. Don Preciso toma esta idea y la aplica al País Vasco:
 
“Los naturales de lo interior de la Provincia de Guipúzcoa pronuncian su bascuence casi cantado, y si pasamos de alli a las riberas del Vidasoa y a lo interior del Pirineo, donde todavía no ha hecho tantos estragos la corrupción, nos desengañaremos de esta verdad a poco que observemos. Jamás se ha visto entre estas gentes poesía que no sea cantada ni música que no haya sido hecha para la poesía: porque aun aquellas hermosas canciones llamadas Zorzicos, o de ocho compases, que se tocan con tamboril y silvo para baylar en sus danzas públicas, están compuestos sobre poesía bascongada”(4)
Varios son los párrafos de Iztueta que traen la misma idea. El que me parece más interesante es este, incomprensible desde cualquier otra perspectiva: (p. 235)
 

"Uste det bada nic, lendabizico guizonac dantzan abiatu ziraden dembora ayetan, etzala ez chilibituric, eta bestelaco oslancairic, eta dantzatu oi ziradela aboz itz neurtuac cantatuaz. Bada soñu oec nola dantzatu bear diraden dakiten guziac, egokidatuco dira nere iritis onekin; zergatic, itz-neurtuen otsideco edo consonante guzietan artu-bear-diraden      puntuac(5) escuico oñarekin, nola artu bear baitan boleraren azkeneco jar-era edo parada. [...]

Dantza ez da beste gauzaric, ezbada, oñakin cantatzea, edo cantaren mugida eta itzac berakin berdin-berdiñ eta bat batean arturic, soñuaren zatiric chikiena ere irudicatzea, bera baliz-bezala”

 

  “Pienso que cuando los hombres primitivos se dedicaron a bailar en sus tiempos no había txistu ni otro instrumento y debían de bailar con el canto 'de sus propias poesías. Y todos los que saben cantar esas melodías estarán de acuerdo con mi opinión, porque en todas las rimas en consonante se deben tomar los puntos(5) con el pie derecho, como se deben tomar en la última parada de la bolera. [...]

La danza no es otra cosa que cantar con los pies, tomar canto, movimiento y palabras como una sola cosa, hasta las partes más pequeñas de la música como si fueran ella misma”

No cabe mayor elogio de la danza para Iztueta que asimilarla al canto, con lo que ello implica de superioridad sobre la música instrumental. Pero sigamos con Rousseau. Para el filósofo y esteta la vuelta a la perdida unidad entre música y poesía sólo podía realizarse en aquellas lenguas que no habían perdido su musicalidad. Las lenguas nórdicas -francés, inglés, alemán- eran precisas, duras y exactas: hablaban a la razón, pero no al corazón. En cambio, las lenguas orientales y meridionales -árabe, persa y sobre todo el italiano- eran suaves, sonoras y musicales, y se prestaban a ser habladas y oídas.

De nuevo vemos en don Preciso la aplicación de estas ideas al euskera:
 
“siendo aun mas de notar que como no tiene aquella lengua artículo alguno que la haga desagradable y abundan sus palabras de vocales que la hacen muy sonora y armoniosa, no hay joven ni viejo que no sea poeta y músico a un tiempo”

Difícil le resulta a Iztueta adaptar esta idea a la danza, pero no duda en citar a Don Preciso sobre este particular (p. 140) y tampoco anda muy lejos cuando afirma (p. 234):
 

“Au guzia adierazotzen dute gure soñu zarrac, munduco beste dantza motac ez bezala”

  “Todo esto expresan nuestras viejas melodías [con versos] como ninguna otra clase en el mundo”

Estas ideas, por otra parte, le servirán para establecer el puente con el apologismo vasco, ya que según las teorías por él propuestas, de entre todas las lenguas del mundo, sólo la vasca conservaba su naturaleza primitiva (p. 42):
 
“Guizonaren naikida eta eresiaric aundienatic bat da zori onceo guizon lendabizico etara bide zuzenetatic igotzea; icusteagatic arguiro, irudipen gabetanic, beren izaera garbi doatsu eraz betetacoa; beragatic ibilli izan dirade munduan ezagutu diran guizonic jakintsuenac, beren buru zenzutsuac puscatzeco zorian, jo ezac andic, eta jo ezac emendic, arkituco ote dutelaco bide chior bat bederic gain arataraigotzeco; baña ez du lacaric atera bestec, ezpada euscaldunac.

Bazekiten Pitagoras sonatuac, Platonec, Plutarcoc eta beren lagun amatu ascoc, bide doatsueraz betetaco au aurkitu bear zana lendabizico izkeran: baña nola etzuten au ezagutzen, ekiten zitzaiozcan bein batari, besteari, au zakitu, ura zeatu, oni kendu, ari erransi, asmatu alzitzaten arabaketa guziac eguiñaz, eta azquenean guelditzen ziraden ez nondic sartu ziran, ez nola zebilzan, eta ez nora irten etzekiela. Baña gure anaya maitagarri lengo izendatu dituran oriec beren jaiotzaco izcunza jakintiac escu leun, guri, gozoa emanic igo ditu zuzenki, zorioneco dembora lembizico aietara, eracusten dielaric, bidez, historiaric zarrenac eta sonatuenac ez dakitzaten gauza aundio asco, chit balioso, goi, me diradenac”

 

 

 
"Uno de los deseos mas vivos del hombre es llegar en línea recta hasta el hombre primitivo; por la sencilla razón, sin duda, de contemplar y saborear, sin fantasías, su modo de ser primitivo, diáfano, dichoso y honroso. Por lo mismo, los hombres más sabios habidos en el mundo han estado a punto de quebrar sus sesudas cabezas, insistiendo por aquí y por. allá, para dar con un sendero siquiera para poder alcanzar aquella cima. Mas únicamente el vasco tuvo éxito

El famoso Pitágoras, Platón, Plutarco y otros muchos sabían que este afortunado sendero había de encontrarse en la lengua primitiva; pero como no la conocían, andaban navegando güero a la deriva, insistiendo ahora aquí y luego allá, haciendo los más raros remiendos que concebirse pueden, quedándose por fin sin saber por dónde entraron, ni por dónde caminaban, ni a dónde salir. Mas esos hermanos amados citados anteriormente, con su sabía lengua vernácula en las manos, han llegado derechos hasta los mismos primitivos tiempos, donde han podido aprender de paso muchísimas cosas valiosas, desconocidas muchas de ellas por los historiadores más antiguos y afamados"

La tentación de unir esta teoría con la vuelta a lo natural, a lo primitivo, presente en la filosofía de Rousseau era grande. Iztueta se muestra orgulloso de que el vasco sea el pueblo del mundo que mejor se adecue al hombre primitivo, al buen salvaje, ajeno a las perversiones de la civilización. Pero no es sólo el idioma, por supuesto. Otros párrafos como el siguiente, son difíciles de entender sin la estética ilustrada (p. 106):
 

“¿Zeñec nayagoco-ez-du bada enzun, chilibituaren soñuan-ere, itzneurtu  gozoakiko-zortzicoa, ezen ez-gabecoa? Damboliñac jotzen-duen soñua baldin bada itz-neurtuakicoa, enzunlea oarketzen-dirade     itz-erazco-egokinsu-ayezaz, eta berac ongui-bamatu edo penetraturic, pozkidatzen-dirade     naikidara.     Baña itzneurturic-gabeco soñua, izan arren   berriberria   eta   chit-berrichua, edo guztiz-eguinkizun aundiac   chilibituan  dituena, damboliñac jotzen ¿zer-beacarri edo objeto aurkeztu-aldakioteke enzuleai? Ez besteric, ezbada damboliñac dituela beatz-azcarrac eta mingaiñ-ariña; eta beragatic jotzen-duela ain-soñu-berrichua”

 

 

 

"¿Quién no preferirá, incluso con música de txistu, el zortziko de dulces versos al que no los tiene? Si la pieza que toca el tamboril es con versos, los oyentes ¡a captan rápidamente y, compenetrados con ella, la disfrutan abundantemente. Pero la música sin versos, aunque sea muy novedosa y tenga en el txistu mucho trabajo para el tamborilero ¿qué objeto puede tener para el que escucha? Ninguno, salvo que el tamborilero tiene dedos rápidos y lengua ligera; y que por eso toca una música tan parlanchína.”

Esta es, en efecto, otra idea general en los estetas ilustrados, y por supuesto en Rousseau: el gusto por lo sencillo, como exponente de espontaneidad, frescura y naturalidad. También Don Preciso es tajante en este sentido (1799,I, XXVI):
 
"ese hediondo surtido de arias italianas,(6) con que estáis horas enteras haciendo gorgoritos y enjuagatorios, capaces de dar nauseas al estómago mas robusto..."

Pero con todo, la idea más interesante que se desprende de Rousseau, estrictamente opuesta a Rameau, es la de que la música no es un lenguaje universal. En boca de Fubini “para Rousseau la comprensión de la música es un hecho histórico, cultural: “cada cual es conmovido únicamente por los acentos que le son familiares”; la melodía varía según la lengua de cada pueblo. Don Preciso (1799, 2, XXVIII y ss.) se expresa de la siguiente manera:
 
“[La música] nace con nos, y obra los efectos según las costumbres de las diferentes naciones, y la índole de su lenguaje sobre cuya poesía se compone; y así se ha visto que todos los pueblos del mundo desde los mas bárbaros hasta los mas civilizados, han tenido y tienen su género de música propia ó nacional para explicar sus pasiones: ¿y hemos de ser tan negados los Españoles, que teniendo música análoga a nuestro carácter, queramos olvidarla para adoptar la italiana, compuesta sobre una lengua afeminada?

[algunos afirman que] la música no tiene patria, porque el corazón humano, que es donde debe obrar, está en todas partes en el mismo grado de perfección, y por consiguiente no hay duda que debe haber ciertos sonidos que yeran á todos. Esto es un delirio de la imaginación de algunos filósofos. El hombre en cualquier parte tiene dispuesto su corazón a las pasiones; pero éstas se manifiestan de distintas maneras en los diferentes países, según las circunstancias en que se hallan”

Todo un alegato a favor de lo nacional y en contra de lo importado. Iztueta lo expresa así sobre el prototipo de aprendiz de tamborilero (p.110):
 

“Guztiz-arazo-aundiakin biribillatzen-ditu Frantziatic, Italiatic, Inglaterratic, eta norc daki nondic,   modaco   soñu-arrotz guziac; eta bere jaiot-erricoric ezdu-nai bat-bacarra-ere icasi ez-eta beren-izenic aditu-ere.

Erbesteetatic-biribillatuco-oec berac-ateratzen-dituen zembaitekin naspillaturic, irteten-da plaza-aguiricora darauskiola marmariza-bat ain zalagardatua eta arrotza euscaldunentzat, nola izango-litzakean chinoen itzcuntza, beren esacariac adierazotzeco”

 

  “Reúne con gran trabajo todo tipo de aires extraños y a la moda procedentes de Francia, Italia, Inglaterra y de quién sabe dónde; y no quiere aprender ni una sola del país en que ha nacido, y ni siquiera oír su nombre.

Cargado con estos aires extranjeros y con algunos de su invención, entra en la plaza pública esparciendo un murmullo y un ruido tan estrepitoso y extraño para los vascos, como lo sería la lengua de los chinos para entender sus conceptos. “
Esta idea va a ser la que tanto Don Preciso como Iztueta tomen como punto de conexión para enlazar con el apologismo vasco: sólo la música y las danzas vascas son apropiadas para los vascos. En cualquier caso, me parecen estos ejemplos lo suficientemente elocuentes como para demostrar la influencia de las ideas ilustradas en el zaldibitarra, y que los halagos que dedica en la introducción de su libro al conde de Peñaflorida y las citas a Jovellanos son algo más que, como se ha afirmado alguna vez, la simple recepción de elogios sean de quien sean. La peculiar visión de los bailes de los ilustrados será también la que, sinceramente o por interés, tome Iztueta.

La fuente inmediata de esa visión será, una vez más, Zamácola. Me parece interesante para comprobar las ideas del vizcaíno la exposición que realizó al ministro Ceballos para pasar la necesaria censura sobre un periódico que, con el título de Centinela de las costumbres, editó a partir de 1804 (García Matos 1981, 68 y ss.). Para Don Preciso, es imprescindible un periódico
 
“en el cual se declame constantemente contra los vicios que se introducen en la sociedad y familias, contra los trajes y modas ridículas que afeminan a la juventud, contra la demasiada afición a todo lo extranjero y, en fin, contra todo aquello que se oponga a nuestras costumbres antiguas y al carácter decidido de esta nación, para que de este modo pueda correr sin riesgo la opulencia y brillantez que nos ofrecen el Comercio, las Artes y la Industria y con lo cual lograremos nuestro amor al Soberano y la afición a la Patria, que son las dos bases en que se funda la prosperidad de un Estado”

Es decir: el mantenimiento de las costumbres nacionales frente a las extranjeras como una de las maneras de buscar el Progreso y la Prosperidad. Es difícil no pensar leyendo estas líneas en tantas y tantas
referencias de Iztueta. A su famosa cita de que (p. 64):
 
“Platonec, bere langarren libru dieronde edo errepublicarencan, izendatzen duen Damon músico sonatu Atenascoac esaten zuen ezin gambia zitekela errietaco soñua, non eta gambiatzen están bizi-bide errepublicarena”   "Platón, en su cuarto libro sobre La República, cita al famoso músico de Atenas Damón, quien afirmaba que no se podía cambiar la música del pueblo sin que cambiaran las formas de vida de la república "
y a tantas otras más, que detallaremos más adelante. En el marco de estas dos grandes líneas: Ilustración y apologismo, es donde realmente podemos llegar a entender la obra de Iztueta. Porque nuestro autor no posee una base teórica lo suficientemente refinada como para permitirle solucionar las contradicciones que representan las dos concepciones teóricas de las que parte.
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1 La única referencia a la para mí evidente implicación de nuestro autor con los ideales ilustrados puede verse en Ibarretxe (1994).
2 Entre ellos destaca su Colección de las mejores Coplas, Seguidillas, Tiranas y Polos que se han compuesto para tocar a la guitarra, de la que se hicieron nada menos que seis ediciones entre 1799 y 1869.
3 ROUSSEAU, J. J.: Essaí sur L'origine des Langues, XII, cit. en Fubini (1990, 206). El resto de las referencias están tomadas de la misma obra.
4 Encontramos aquí también la referencia transparente sobre la procedencia del término “zortziko” como el de música de fraseo de ocho compases, tan querida y tan "original" en Iztueta. Y, de paso, una nueva referencia al origen vocal del mismo.
5 Esto es, los compases.
6 Quizás convenga precisar por qué Don Preciso ataca la música italiana cuando Rousseau la pone como modelo. Rousseau y Don Preciso hablan de dos óperas italianas distintas, en momentos distintos y en lugares distintos. Para el ginebrino, la ópera cómica italiana es el ideal frente a la ópera seria francesa de Rameau, y en ella ve la expresión de la sencillez, la frescura y la naturalidad. Don Preciso habla de una ópera seria italiana que había tenido tal éxito en España, que había ahogado cualquier intento de ópera nacional. Al igual que la. ópera seria francesa, pero en mucho mayor grado, la ópera seria italiana se había convertido en una sucesión de exhibiciones de virtuosismo por parte de los cantantes.

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