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ALGUNAS CONTRADICCIONES REFERIDAS 
A LAS DANZAS

Al  igual que la mayor parte de los apologistas, la actitud de Iztueta es manifiestamente maniquea: por un lado existe el mundo de la danza vasca, honesta y antigua; por otro, los nuevos bailes extranjeros, inmorales y modernos. Los ejemplos de este tipo son continuos a lo largo de su obra. Valga una de sus múltiples exhortaciones a los tamborileros (pp. 132-136):
 
 
 
“Ez   dezazuela   uste-izan chanchetan-ere, orraco, gabaz guela-ichietan eguiten-dituzten dantza nazcagarri-erbesteetaco oriec, gueiagoren batzuec diradela ez ezic, alderatzen zaiozcatenic ere, egunaz plaza-aguiricoetan eguiten-diraden gure erricoai. […]

Ez dezatela bada uste-izan, balsakin oker-dantzaen maitatzaleac, beretan arkitzen-dala gauza-obetandezcoric, eta senaera oneskiric; ez bada, nazcagarrizco-palacu, ichusi, loitsuac; zeñean ezin-legokean berai-beguira, lotsaturic chit damurruatu-gabe”
  “No podéis pensar ni en broma que esos bailes extranjeros repugnantes que se hacen de noche en sitíos cerrados, son más, ni se pueden comparar, a los que se bailan en nuestros pueblos de día y en la pinza pública [...]

Que no crean, pues, los amantes del vals y de la contradanza que en ellas se encuentran cosas mejores y significados más honestos; sino insinuaciones repugnantes, feas y sucias, imposibles de contemplar sin vergüenza y pesar”


Así pues lo exótico, lo de fuera, lo extraño, ha llegado al País Vasco por medio de los saraos, de los bailes de salón, nocturnos y en sitio cerrado. En cambio, los bailes de plaza muestran lo “honesto” entendido como quintaesencia de lo vasco (p. 198):
 
“Beguira ezazute oarrez eta artezaz,   oitura   edo   usario maitagarri-au jarri-zuten gure asaba   oneskietara,   baita-ere gaurco-egunean, dantza berriac guela ichietan gabaz eguiten dituztenetara; eta icusico dezute arguiroki, batzuetatic beste etara dagoen banaita edo diferencia icaragarria.

Aiec etziran betetzen, ez eta ere guelditzen, plaza aguiricoan beren buruac, eta icustera joaten ziraden guziac pozkidatzearekin; baizican, naikidatzen   zuten   oraindic echeetan  zeuden  guzi-guziac atsegiñgarriztu zitezen ere. Eta oec berriz jartzen dituzte dantza eguiten dan atean, gudari edo soldaduac    beren    escúpela, baioneta, eta alfajeakin, ez iñori uzteco an sartzen, baldin ez badaramazki chartela, eta soñeco
modacoac.

Icusiric egin-bide oec-bata bestearen ain urruti daudenac, ¿zein  euskaldun   izango   da cupiraturic   biotza   negarrez erdiratuco ez dueña oritzean bere asaba maitagarrien prestutasunaz, eta beren erritarrei aguertzen ziezaten  amodiozco  naitasun irazekiaz? Eta dembora berean ¿nor suac eta garrac artuco ez du, icustearekin  gaurco  eguneco anaiac bere berekiac eguiten dituzten dantzaetara sartutzea ez ezic, beguira egotea ere debecatzen dutela? ¡Ha uanditu guizagaxoac!  Ez duec ez zañetan arkitzen euscaldunen arrazaco odolen piscaric ere. Euskaldunen griña betí izan-dec, egunaz plaza aguiricoetan erri-guzia pozki-datzea, gaitzic gabeco jostaketa ondrosoakin; eta zuena berriz, gabaz guela-ichietan, zeroc bestec ongui ez derizkion, zatarqueri nazcagarriac eguiñaz, guzion eguilla aundia iraindutzea”

 

 

“Mirad con atención estas encantadoras costumbres que nos dieron    nuestros    honestos antepasados, y los nuevos bailes de hoy en día, que se hacen de noche y en locales cerrados; y veréis claramente la enorme diferencia que hay entre las unas y las otras.

Aquellos no se conformaban con quedar satisfechos ellos mismos, y todos los que iban a mirar a la plaza; también querían que se complacieran todos los que estaban en las casas. Y éstos en cambio ponen en las puertas de los locales donde se baila, soldados con su escopeta, bayoneta y alfanje, y no dejan entrar a nadie, si no trae su entrada y vestidos a la moda.

Viendo estas dos maneras de proceder tan distintas, ¿qué vasco no tendrá encogido el corazón y no estará a punto de llorar recordando la honradez de sus queridos antepasados, y el cariño profundo que demostraban para con los de su pueblo? Y al mismo tiempo ¿quién no se indignará al ver a sus hermanos de hoy en día no sólo no permitir entrar a bailar a sus semejantes, sino también prohibirles estar mirando? ¡Ah, pobres bandidos! No hay, no se encuentra en vuestras venas ni una pizca de sangre de la raza de los vascos. Siempre ha sido preocupación de éstos, alegrar a todo el pueblo de día y en la plaza pública, con diversiones honrosas y sin malicia; y la vuestra en cambio, dé noche y en sitios cerrados, en hacer cosas que ningún otro aprueba, ruindades repugnantes, injuriando al Supremo Hacedor de todos”

 


Los seguidores de estas modas, pues, o son extraños al país, o ni siquiera merecen el nombre de vascos. Se parecen a aquellos a los que antes me referí y que, habiendo estudiado en los seminarios, volvían luego al país y declaraban ni entender ni saber hablar el euskera como muestra de refinamiento.

Estos eran también los culpables de la “degeneración” habida en las danzas, y especialmente en la parte final del aurresku, que vimos objeto de las iras de los distintos polemistas sobre los bailes. Degeneración, por supuesto, reciente, ya que los bailes habían sido honestos desde su concepción y durante siglos. Así, al dar las instrucciones para bailar el aurresku y llegar a su final, se expresa de esta manera (p. 194):
 
“Ez da chit urte anitz, usario likits,   iraingarri,   gaizto   au Guipuzcoaco plaza beacurtsuetan sartu digutela, lenago izendatu ditudan chori-buru-puztu dollor ez-jakiñac; ez bestegatic, ez bada, berac ezdakiten gauzari isseca eta urruña eguin nairic gure oitura gogoangarriac  betico  gaitzea ereicatzen dutelaco”   "Hace no muchos años, los cabezas de chorlito viles e ignorantes anteriormente citados nos introdujeron estas costumbres malas, obscenas, e insultantes en las   respetables   plazas   de Guipúzcoa; no por otra causa, sino porque,  silenciando .y alejando las cosas que no saben, quieren hacer que se pierdan nuestras memorables costumbres "
 
En cualquier caso, los mayores culpables de estos excesos habían sido los gobernantes venidos de fuera del país (p. 320):
 

“Baña ala zori gaitzean, azkenengo urte bacar-oetan erbesteetaco guizon arrotz, nor, ta nongoac diraden-ere ezdakigun zembait,utzi-izan-diegutelaco aguintzen gueren errian, guertatu zaigu arguiro icusten dezuten bezala, gure jostaketa gaitzic gabeco   gozoac   ayenaturíe, ezagutzen ez ditugun nazcagarriac usuan-jartzea”

 

  “Pero desgraciadamente, sólo en los últimos años, al haber dejado mandar en nuestro pueblo a hombres extranjeros, de los que no sabemos quién son ni de dónde vienen, nos ha ocurrido como veis claramente, ahuyentadas nuestras inocentes diversiones, puestas en uso otras desconocidas y repugnantes “
 
En este esquema tan simple, en el que todo lo nuevo es venido de fuera, servil respecto a la moda y deshonesto, frente a lo primigenio, “auténticamente” vasco, ¿cómo encajan las novedades, introducidas frecuentemente por los ilustrados? El pensamiento de Iztueta no tiene un refinamiento tal que le permita insertar los evidentes cambios que se están produciendo en su época. No sabe salir de ese corsé al intentar conciliar este aspecto apologista con la aceptación de alguna de esas novedades por el pueblo, y en más de un caso a través de la minoría ilustrada. Seré más concreto.

Uno de los campos donde se muestran más evidentes es el referente a las danzas nuevas que llegan en este momento, esas danzas extranjeras y pecaminosas. Una vez más, Iztueta recurre a don Preciso para atacar con dureza al fandango, la contradanza o el vals, citándolo expresamente. Con respecto al fandango, por ejemplo, Zamácola se expresaba de esta manera:
 
“entre los orientales no es la danza una imitación de la guerra, como entre los griegos, ni una combinación de actitudes y movimientos agradables, como entre nosotros; sino una representación licenciosa, lo más atrevido del amor; que esta danza llevada de Cartago a Roma anunció la caída de las costumbres republicanas; y finalmente se perpetuó en España por los árabes, bajo el nombre de fandango” (p. 145-147)

El de Zaldibia alaba a los alcaldes de Fuenterrabía y Hernani, que lo habían prohibido en sus ayuntamientos. Sin embargo momento hay en el que reconoce que son normales en Guipúzcoa, por supuesto desde tiempo muy reciente (“han empezado ahora en algunos pueblos...(1)), y aquí ya no arremete contra él.

Más espectacular, y yo diría que paradigmático, es el caso de la contradanza. De nuevo aquí se cita expresamente a don Preciso en los siguientes términos:
 
“El nombre mismo de contradanza está diciendo que es un baile contrario a las antiguas danzas, pero tan innoble y ridículo, que, si un oriental viese por primera vez bailar una contradanza europea, no podría contener la risa, pensando que se habían vuelto todos locos, al verlos mover a un tiempo y a compás como monos de máquina, y especialmente al oír los desaforados gritos y chillidos con que se desgañita el pobre músico para advertir a los contra-danzantes la figura que deben ejecutar(2). Lo mismo se puede decir del vals, de ese baile en que hace veinticinco años se despoblaba Madrid para reírse a carcajadas, al ver a los suizos y suizas en los ventorrillos inmediatos a la Corte dar más vueltas y revueltas que un molino de viento, y después de bien calientes los cascos” (p.135)

Por ello Iztueta traduce en ocasiones contradanza como “oker-dantza”, siguiendo ese criterio de ir “contra” la danza(3). En alguna ocasión, como veremos, la considera nada menos que de origen turco. Sin embargo, al hablar de la bizkai-dantza, o baile vizcaíno, que no es otro que el ariñ-ariñ actual, se expresa en estos términos (p. 230):
 
“Dantza mota au da Bizcaitarren berenkia, zeña eguin oiduten fandangoaren modura dos por cuatroco contra dantzaen soñuetan, beragatic soñu guisa oei guziai Bizcai dantzaco soñuac”
  “Este tipo de baile es peculiar de los vizcaínos, que acostumbran hacerlo a la manera del fandango en contradanzas de dos por cuatro, por lo que a todas las melodías de ese tipo se les llama melodías de danza vizcaína”

Nada menos que una contradanza que se baila “a la manera del fandango”. El de Zaldibia no tiene más remedio que citarla, pero en ningún momento resuelve la contradicción entre este baile, aparentemente (y según él mismo) de origen extraño, nuevo y deshonesto, y su carácter plenamente popular en su época. De tapadillo, recurriendo a su origen no guipuzcoano(4) y a su novedad, Iztueta no tiene fuerzas para rechazarlo, pero no da ninguna explicación de por qué no lo hace. Y por si quedaba alguna duda acerca de la equivalencia entre ambas, veamos el que reveladoramente es el primer párrafo de su libro (p. 48):
 

“Soñuen gañean itzeguin bear deran guzian deituco ditut berac lenago zituzten -izen egoki chit berenkiakin modu onetan:

Minuetari esango diot, Aléate soñua. [...]

Contradantza dos por cuatro-coai, vizcai soñuac.

Seis por ochocoai, saltarin-choac”

  "AI hablar acerca de todo lo referente a las melodías las llamaré de acuerdo a los nombres bien propios que tenían al
principio de este modo:

Al minueto le llamaré Alkate soñua (melodía del alcalde)
A la contradanza de dos por cuatro, bizkai soñua (melodía vizcaína)

A la de seis por ocho, sal-tarincho“

Iztueta habla de una “contradanza de dos por cuatro”, que es la bizkai dantza o ariñ-ariñ; y también de una “contradanza de seis por ocho”, a la que llama saltarincho, término éste que no aparece en ningún otro autor. Algo parecido ocurre con el AIkate-soñua, con la diferencia de que, aunque probablemente sea otra de las múltiples invenciones de Iztueta, esta palabra sí ha cuajado. Pero de esto hablaré más tarde. Curioso es el caso que expone el de Zaldibia. Si al referirse a los tamborileros de su tiempo se expresaba de esta manera (p. 110):
 

“Gaurco-egunean Guipuzcoan arkitzen-diraden dambolin-otsa-kindari gazte guzien-artean ezda iñor-ere dakienic, ez alcate-soñua zer dan [...], ez saltarincho bat[...] Alboradac-ematera dijoatzenean, issil issilic aurkeztuco-dirade eche-atarian: non asico-duten Inglaterraco minué, edo inindue cía bucatuco-dute Franziaco balsakin edo atsekin. Oec eta okerrezco dantza Turkiacoen soñuac dirade oraingo damboliñac darabiltza-tenac”

 

  “Hoy en día no se encuentra en Guipúzcoa  entre  todos  los ruidosos tamborileros jóvenes uno solo que sepa qué es el alkate soñua o un saltarincho" [...] Al ir a dar la alborada, se presentarán en silencio en la puerta de la casa: donde empezarán un minué de Inglaterra, y terminarán con un vals de Francia. Estos y las melodías de contradanza de los turcos son las que traen los tamborileros de ahora”

Es decir, las mismas melodías son, por un lado, “llegadas hasta nuestros días claras y limpias a través de miles de años”, y por otro “ofensivas y fétidas” (p. 112). Parece que esto depende sólo del nombre. Cuando les llama alkate-soñua o contradanza pertenecen al primer grupo, y cuando las identifica como minué u oker-dantza al segundo(5).Cierto es que existen abundantes versiones de la contradanza(6), pero Iztueta no distingue entre ellas en absoluto. Podríamos pensar que el cuaderno de melodías publicado junto al libro debería servimos de algo, pero en él no hay una sola melodía con el nombre de “saltarincho” (aunque por las indicaciones de Iztueta se deduce que no es otro que lo que hoy llamamos biribilketa, es decir, un pasacalles ligero en seis por ocho). Sí que se incluye en cambio un alkate-soñua. Su melodía podría ser, efectivamente, la de un minuete especialmente simple (ya que debe ser cantado con una de las letras del tipo de “liturgia coreográfica”, de las que ya hemos hablado, que, eso sí, tiene la extraña particularidad de tener sus dos frases de diez, y no de ocho compases. En cualquier caso, según las indicaciones del de Zaldibia, esta melodía era sólo para ser escuchada, y al no ser bailada no tenía por qué ajustarse al esquema del minué bailado.

Podemos convenir en que Iztueta no era ningún experto en música, pero de sus comentarios categóricos debería esperarse más precisión. Está claro que intenta no dejar un solo resquicio en su obra, pero me parece evidente que es incapaz de abrir convincentemente el tajo que tan decididamente marca en la teoría entre esa supuesta música y danza antiguas, genuinamente vascas y honestas y los nuevos aires extranjeros y pervertidos. Probablemente porque ya en su tiempo estaban fundidos de forma difícil de separar. También porque supondría no sólo echar por tierra los gustos musicales de los ilustrados, a los que pertenece y a quien va dirigida su obra, sino ir en contra de la auténtica reforma que están haciendo en la danza. Va siendo hora de dar detalles acerca de ella.
 
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1 “orain asi diradena zembait erritan...” (p. 230)
2 También Larramendi hace mención de esta ante nuestros ojos curiosa costumbre. En Baja Navarra es costumbre hoy día gritar los pasos de los jauziak, si bien no es el músico el encargado de hacerlo.
3 El origen más comúnmente aceptado de contradanza es el derivado de “country dance”, danzas de campo, o del país.

4 El ariñ-ariñ se sigue llamando hoy día “bizkaiko” en determinadas zonas de Navarra, por ejemplo.

5 Véase como Iztueta hace dos traducciones distintas al euskera de “contradanza”:oker-dantza insiste en el carácter peyorativo que le daba Zamácola (oker en euskera puede traducirse como “contra”, pero en el sentido de torcerse o desviarse); contradantza, evidentemente, no.Ç

6 Como sabemos, un auténtico especialista en ellas era Don Preciso, que escribió un libro sobre el tema.

 

 

 

 

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