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LA REFORMA ILUSTRADA DE LAS DANZAS: 
LA REFORMA COREOGRÁFICA Y LA IDEA
DE “CONTROL DEL CUERPO”
Las dificultades --la imposibilidad-- de Iztueta para compaginar la supuesta tradición ancestral con las novedades que se están produciendo no queda aquí. Veamos si no el siguiente párrafo (p. 218):
 
“orai ñola zaldun-gazte, arguí, ascoc icasi dituzten azteche edo seminarioetan contradantza ta beste aldaira-guisa anitz, obec sartu dituzte brokel-dantzan guziz egokitasun  andian,  eta  chit chukinkiro” [...] Azalaingo nagusi jaun D. Ángel de Larretac(1) [...]chit ederturic guztiz asco ubaritu duen bera.”
  “pero ahora, como los jóvenes caballeros de Guipúzcoa han aprendido claramente en los seminarios la contradanza y muchas otras mudanzas, las han introducido en la brokel-dantza con completa adecuación y muy pulcramente [...] D. Ángel de Larreta, importante señor de Azalain(1) [...] la ha embellecido y aumentado muchísimo.”

De modo que la indecente, asquerosa y turca contradanza había servido nada más y nada menos que para “embellecer” la brokel-dantza, uno de las danzas esenciales de Guipúzcoa. De repente, vemos a Iztueta convertido en todo un abanderado del mestizaje, eso sí, hecho por los nobles caballeros que han aprendido a bailar en los seminarios. No se me ocurre otro lugar donde haya podido ocurrir esto que no fuera el Seminario de Vergara, que estaba bajo el directo patrocinio de la Bascongada. Pero aún hay más (p. 276):
 
"Asco-bider aditu izan diotet dantzari ustecoai darauskiotela, batean onelaco aldaira baile-Inglesecoa dala, bestean alaco bolerarena, ura minuetacoa; an zortzicoarena... eta ez diradela eguin bear, zein bere dantza guisaetan  baizic.  Engañatzen dirade bada erdi-erditic onela mintzo diraden guziac, baita uste-berean daudaenac ere; zergatic edozein dantza guisatan ongui ematen duten aldaira guziac, baldin berai dagozkioten compasetan egokidatzen zaiozcaten bezala zuzenkiro sartutzen badira; baña ez soñuaren puntuac campora eguiten-badira, asmatu alditezkean gaitasunic ederrenac-ere”   “Muchas veces he oído a algunos que se creen bailarines, que si una evolución es de baile inglés, la otra del bolero, aquélla de minueto; ésta de zortziko... y que no se deben hacer, sino en las danzas de su tipo. Se engañan de medio a medio todos los que dicen eso, así como  que lo piensan; porque en danza de cualquier tipo se pueden tomar todas las evoluciones, con tal de que entren adecuadamente en sus compases correspondientes; pero si se hacen fuera de los "puntos" (compases) de la música, ni siquiera las más bellas invenciones estarán bien”

Aunque sea contrario a toda la verborrea que abunda en la mayor parte de su obra, me parece más que claro que en estos breves pero demasiado significativos pasajes (tanto más significativos en cuanto que son completamente opuestos a la narrativa que aparece como eje central durante su obra) Iztueta alude a una auténtica reforma en los bailes vascos; reforma que consistió en una fusión entre la danza  tradicional vasca y la danza erudita europea, en una línea, por ejemplo, perfectamente emparentable con el desarrollo en fecha similar de la escuela bolera española (por ejemplo Guest 1992). E Iztueta es consciente de ello. Por eso, como bien ha expresado Urbeltz, invierte buena parte de su libro en intentar elaborar una sistematización en la danza guipuzcoana que no tuviera que envidiar en nada la de la danza rudita que formaba parte de la educación de las clases acomodadas. Una sistematización expresable en reglas: regla de la simetría; regla de la cuadratura del baile, estructurada en frases de ocho compases; regla de ir de lo sencillo a lo complejo: orden y medida ilustrados aplicados a la danza. Un orden no ya individual, sino presente en la continua cortesía que debía regir las relaciones entre los sexos durante todo el ceremonial de la danza. Y, mucho más importante, expresión de orden social. Por ello, igual que en la danza académica de la época(2), siempre está presente en Iztueta la idea del orden y el control corporal.

Este último concepto ha sido aplicado a la danza por Jordi Raventós (1996). Para este autor, en el Antiguo Régimen es mediante ese control del cuerpo, “representación de un ideal de conducta entendido como disciplina corporal” como se produce la diferenciación hegemónica. Siguiendo con sus propias palabras (p. 38):
 
“En el campo de la danza, pues, el dominio del cuerpo indica un criterio de demarcación para las clases hegemónicas. Este control denota el cultivo de un saber adquirido por la educación. [...] El “otro” es representado como carente de habilidad en el control del cuerpo, incapacitado para desenvolverse en una
conducta adecuada.”

Los famosos desórdenes que tenían lugar al final del aurresku, en efecto, da la impresión de que ofenden más a Iztueta por lo que tienen de falta de compostura en la danza que por su deshonestidad (p. 194):
 
“Dantzan ongui dakiena, ez da beñere asico aztalca ta puzca, batari bultza, besteari ercoro, izul-amilca, astoac udaberrian zaldalea iragazten oi dabiltzan bezala; baizican eguingo-ditu bere aleguiñ guzi guziac, nondic eta nola ederkiena dantzatuco duen, eta zer guisatan onguiena arguitu edo luzituric, beguiratzalleai atseguiñic gueiena zerekin emango ote dien”   “Quien sabe bailar bien nunca empezará a cocear ni resoplar, empujando a una, pellizcando a otra, dando volteretas como los burros que en primavera andan colando el pienso; sino que mostrará todas sus habilidades bailando donde y cuando más hermosamente pueda, y de la manera más lucida, para dar a los espectadores el mayor contento”

En ese sentido es donde se comprende el gozo que muestra nuestro autor por los calificativos de “graves y majestuosos” que había dado Jovellanos a los bailes vascos (p. 182). Es lo que Gaizka de Barandiarán, en el prólogo a la reedición de 1968 del Gipuzkoako dantzak llamaba
 
“estética de la “gravitas” en oposición a la “celeritas”, [...] Lo apolíneo y racional prevalece al “celer” Diónisos. Pero no se debe asumir lo racional como equivalente a silogístico. Lo racional en la Danza Vasca se entiende como ordenado, estético, honesto” (p. 9)

 
Tamborilero.Porcelana de Meissen (Sajonia).Hacia 1760.  
Orden racional, entendido como “estético y honesto”. Porque el interés está lejos de ser meramente estético, y está muy lejos de implicar una copia literal. Porque, de igual modo que resulta difícil imaginamos a María Antonieta ordeñando siquiera a una vaca (y no digamos nada acarreando su estiércol, por poner un par de ejemplos), tampoco resulta fácil imaginar a los jóvenes educados en el Seminario de Vergara, después de sus lecciones de minueto y alamanda, dándose entre sí las “culadas” típicas del aurresku. Igual que en las obras musicales de mediados del siglo XVIII la música popular aparece casi siempre estilizada; igual que esos pastorcillos de porcelana de mediados del XVIII representan sólo la cara amable, bucólica del ambiente rural de la época, ese aurresku o ezpata-dantza que vimos bailar a los hijos del conde de Peñaflorida tuvo necesariamente que dejar de lado cualquier característica que los ilustrados consideraran fuera del “buen gusto”, fuera del autodominio corporal, fuera del ejercicio de la hegemonía mediante la danza. Aunque no sepamos con claridad qué es lo tradicional y qué es lo novedoso.

Cierto es que hay pasajes de la obra de Iztueta en que su ideario fíloliberal vislumbra ya un nuevo horizonte en el que esas relaciones van a cambiar (p. 261):
 

“Guisa onetan mintzo diraden guziai, nai-diotet erantzun ezic, ezagutzen derala nic berac bezin ongui, aziteche edo seminario andietan, diru eta dembora anitzen costuz dantzan ederki icasiric, erriz-erri bestelaguntza-gabetanic beren  oguia  irabazten  ibili oidiraden ayec eguiten dituztena, Guipuzcoaco necatzalleac baño, gaitasun andiagoa, eta icusgarria-goac, azco ere [...]

Ez da Guipuzcoan escola-echeric, ez eta maissuric, bertaco dantza-motac eracusten dituenic. Emengo dantzariac izan oi dira, beren-eder-etsiz plaza aguiri-coetan dabilzanai icasiak. ¿Nai dezute bada oec ifíñi dizaten zancoac ain egoki nola Azitecheetaco zurtarte edo zepoetan(3) ezi oi dituztenac? Baldin bedere, ez-aldezute uste, achurrean egun guzietan lurrarekin borroca ari-diraden necatzaleac eguin-diza ketekeala ain aldaira ederrac, eta gaitasun andiac, nola maissu onakin icasiric beste eguiteco-gabe egunoro dantzan dabiltzanac?

Zoazte bolera-dantzari gain gaineco   orien   jaioterrietara, billatzen ote dituzuten beretaco necatzalleen-artean, aimbeste eta ain dantzari egokiac, nola icusten dituzuten jai guzietan Guipuzcoaco edozein erri chikietan.”

 

 

 

 

  "A todos los que hablan de esta manera quiero responder que sé tan bien como ellos que los que, a costa de mucho tiempo y dinero han aprendido a bailar en los grandes seminarios, y andan de pueblo en pueblo ganándose el pan sin otra ocupación tienen mucha mayor habilidad y vistosidad bailando que los campesinos de Guipúzcoa [...]

No hay en Guipúzcoa escuela ni maestro que enseñe los tipos de danzas del país. Los dantzaris de aquí las han aprendido por afición, viéndolas bailar en la plaza pública. ¿Queréis que manejen las piernas tan bien como los que las han aprendido en los cepos(3) de los seminarios? ¿Podéis pensar que los campesinos que están todos los días luchando con la tierra pueden hacer evoluciones tan hermosas, y tener tanta capacidad como los que sin otro quehacer bailan a diario habiendo aprendido con buenos maestros?


Idos a los lugares de nacimiento de esos bailarines de boleras, a ver si se encuentran entre sus campesinos tantos y tan buenos danzantes como los que veis en todas las fiestas de cualquier pueblo pequeño de Guipúzcoa “
Pero nuestro “txuri” navega siempre entre dos aguas, y está más que claro que una de sus mayores preocupaciones es siempre la de insertar la danza en un contexto de jerarquía y orden social.
 
 
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1 Urbeltz (1994, 257) identifica a este personaje con el coronel José Ángel de Larreta, muerto en 1821.
2 Urbeltz (1994:109-117) muestra una interesante comparación entre las descripciones de pasos de baile dadas por Iztueta y las de los tratadistas clásicos de danza.
3 La enseñanza de la danza académica, en su búsqueda del control corporal, no vacilaba en utilizar objetos de este tipo, que hoy podríamos calificar sin gran problema de auténticos instrumentos de tortura.

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