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NESTOR BASTERRETXEA "Omenaldia Iztuetari"  
 
Pues sí. A mí me gusta la escultura de Néstor Basterrechea en honor de Juan Ignacio de Iztueta. Y me gusta a pesar de que no pertenezco a esa clase de ciertas gentes que aprueban lo que no entienden por no parecer anticuadas, como dice don José María Donosty, Me gusta... porgue me gusta. Nada más. Que no es poca cosa.

A mi me parece que es un pobre argumento decir que la escultura abstracta no se parece al objeto que quiere representar. ¿Acaso alguien ha visto alguna vez al Sagrado Corazón de Jesús, para decir que es tal y como lo representan las esculturas figurativas? Quisiera que nadie vea en esto una taita de respeto a la imagen religiosa.

Es triste cosa que, ante cualquier obra artística que contenga una dosis de inquietud e innovación, se levanten en nuestro país (me refiero al país vasco) voces airadas protestando por todo aquello que no esté de acuerdo con sus cómodos esquemas mentales. Y esto es lo que está ocurriendo con la  escultura de Basterrechea.

Y es el caso que quien no está de acuerdo con el arte abstracto, y con que éste salga a la vía pública, tiene otros motivos para quejarse. Y voy a citar un caso concreto.

En el Museo de San Telmo existe un busto del escritor donostiarra Pío Baroja, y que es obra de Victorio Macho . Para  el no  lo sepa diré que Victorio Macho ha sido “alguien” en escultura. Pues bien. Que yo sepa nadie de los que despotrican contra lo abstracto ha dicho esta boca es mía, por el hecho para mí  lamentable, de que el citado busto se encuentre semiarrinconado en un museo, en lugar de estar colocado en algún recoleto rincón de San Sebastián.

Y ese es el caso de tantos. Que por cierto no se dan sólo en la capital, porque en la provincia sucede algo parecido.

En Renteria, por ejemplo. Hace treinta y pico de años por encargo, creo que del Ayuntamiento de la villa, el escultor don José Díaz Bueno, realizó una hermosa obra escultórica destinada a honrar a los renterianos ilustres. Era una escultura moderna, figurativa, bella. Naturalmente no gustó. Y aquello no es que fuera abstracto, porque representaba a una mujer con todos los atributos de la feminidad. Aquello se consideró por los bienpensantes de aquel  tiempo como inmoral.

Hoy, aquella escultura, que fue creada para honrar a renterianos ilustres, está abandonada, sucia, mutilada, llena de barro, en las cercanías del matadero municipal.

Es triste, pero cierto. Ahí tienen los que han llegado a calificar a la obra de Basterrechea como “la exaltación de la lata de conservas mal abierta”, dos motivos de escándalo. Se trata de dos esculturas que “se entienden” y que no están en el lugar que les corresponde. Dos obras de arte, que se hallan una de ellas casi arrinconada, y la otra totalmente abandonada en un basurero.

Pero no hay cuidado. Es más fácil hacer crítica negativa e ironizar de aquel que siente inquietudes estéticas y busca formas nuevas para plasmar esas inquietudes, que intentar reparar viejos errores. Podría citar más ejemplos, pero ¿parra qué?

Sólo pedir una cosa para la escultura de Basterrechea. Dejémosla donde está. El tiempo que es un  juez imparcial juzgará. Y yo creo que a su favor, como ya ha juzgado a favor de otros vascos ilustres que en su tiempo fueron objeto de la incomprensión de sus paisanos.
 
A. AGUIRRE

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