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El Diario Vasco, San Sebastián a 25 de Noviembre de 1967
Zaldivia, cuando llega a las puertas del segundo centenario de Iztuetas  es una villa en total evolución. La industria ha ido alcanzando a este pequeño municipio del "goierri" guipuzcoano y a su lado no solo han llegado los pabellones sino también los problemas de viviendas, las necesidades de escuelas,  de urbanización,  de modernización,  de las comunicaciones,  y un largo etcétera Que no es el objeto de este articulo.

El pueblo detenido durante siglos en un meandro del corto río que nace en la cercana sierra do Aralar,  en el paso de una de las calzadas que entraba de Navarra siguiendo los alargados espolones que bajan de Urtzuerreka, se ha visto sorprendido,  quizás un poco desbordado,   por el rápido desarrollo de los acontecimientos,  y hoy todavía,  tal es su vitalidad y deseos de expansión, que resulta difícil   de concebirla en un todo armónico.

Con lo dicho,  creo que queda expuesto su desorden actual,  esperemos que pasajero,  y el abandono de algunos de sus rincones más típicos en las proximidades de la plaza y el río. No es que sean gran cosa , pero con un poco de atención ganarían mucho y darían carácter a la población. Y es que no sólo de pan vive el hombre.

La iglesia parroquial de Santa Fe,  estropeada con tanto arreglo y reforma,  muestra sus muros de arenisca por encima del frío atrio de cemento,  hierro y piedra. Su interior. adornado con grandes pinturas que ofrecen pasajes de la vida y pasión de Jesucristo,  ha perdido cierto sabor popular  al colocarse los bancos.

En las proximidades del templo la casa "Eliz-alde" y su vecina con tallas en puerta y balcón; el puente viejo,  de sólo un ojo semicerrado por la hierba ; casas de cristaleras que dan al río; y la gran casa solar de la plaza, con escudo,  son  entre otros,  testimonios que deben cuidarse para que la villa no se llegue a ver un día sin hostería. El pueblo que vio nacer a Iztueta no debe hacer menos.
* * *
Según me han informado, todavía la familia Mancisidor conserva algo del vestuario usado por Iztueta: dos corbatas, la de diario y la de fiesta; dos "gerrikos",  el de ensayo y el de fiesta; un par de medias blancas,  lisas de hilo, y un par de zapatillas con bordado de flores ya un tanto descoloridas. Al parecer, hasta hace unos años,  se guardó también el chaleco de raso blanco,  adornado con los mismos motivos flores que las zapatillas. Totalmente apolillado,  el chaleco no pudo resistir más el paso del tiempo. La "makilla"
de Iztueta parece ser que se guarda en el colegio de Lecároz. Yo no se hasta qué punto el Ayuntamiento de Zaldivia,  en este segundo centenario de Iztueta, no debería tratar de recuperar la vieja "makilla" y colocarla honrosamente en un lugar destacado de la Casa Consistorial. Y es que cada pueblo debe sentirse orgulloso de sus hijos ilustres,  y la memoria de Iztueta no se la debe llevar la corriente del río como si fuera un trapo viejo.

José  Garmendia,   Juan San Martín,  José Maria Donosti,  y  otros, han ido informando día a día de distintos pasajes de  la vida,  personalidad y obra de Iztueta. Sus libros., sus poesías,  la labor importantísima de recopilador de las danzas. de folklorista, de escritor y hasta de etnólogo,  nos dan la medida de este vasco autodidacta al que los estudiosos del país tanto deben cada en su especialidad ; y cuando digo estudiosos  me refiero  tanto a los profesionales  como a los aficionados, es decir,  tanto a los de “caballeria” como a los de “infantería”.

Por mi parte, como una opinión completamente particular,  creo que los autores citados más arriba,  deberían recoger sus interesantes artículos en un trabajo, y publicarlos en alguna de las revistas científicas de nuestra provincia. Merece la pena el hacerlo,  pues se han aportado datos e ideas dignas de ser tenidos en cuenta.
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El próximo domingo día 26  el Grupo de Danzas Goizaldi  de | San Sebastián,  quizás el que más fielmente sigue la tradición del maestro , acudirá a Zaldivia a rendir doscientos años después el homenaje a Iztueta. Por un día volverá a sonar el pasacalles en la amplia plaza de tierra abierta a la montaña. Habrá repique de campanas. Depués de la misa, acudirán hasta la casa “iztuetanea” (“Iztueta-enea”) y allí, entre calles, donde antes fue arbolado, siguiendo el viejo calvario, hoy empotrado en los muros de las casas,  se descubrirá la gran placa dedicada al hombre que tanto influyo en la conservación de lo- bailes vascos A un lado de la cruz que ocupa el centro de la gran piedra, la "makilla". símbolo del Iztueta director y forjador de distintos grupos de danzas; al otro lado,  el tintero y la pluma. El escritor.La placa la descubrirán el maestro Pujana, valdría decir el heredero de su arte,  o al menos el  depositario, y el señor Mancisidor,  simbolizando así a todos los herederos de sangre. Luego, escapando de los engolados discursos,  dos “versolari” de Zaldivia recordarán con sus versos la figura del homenajeado.

Al final se bailará el “aurresku” en la Plaza de Santa Fe. Pero se danzara con los trajes de hoy, con corbata, con chaqueta,  para decirle a Iztueta que su danza no ha muerto,  que esta viva v que vivirá durante muchas generaciones más.
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Me han dicho que las fiestas durarán en Zaldivia una semana,  desde el 26 de noviembre hasta el día 3 de diciembre. Yo no creo que pueda acudir ningún día,  pero da lo mismo , estaré  con ellos,  en la plaza,  en la calle gris, junto al río,  pisando las piedras gastadas del puente antiguo,  y en la noche, apoyado en su barandilla como lo hice  última vez que visité Zaldivia, el rumor del agua,  bajo el cielo gris, brumoso y  sin estrellas,  me traerá  a trozos los versos de Iztueta “Kontxeshiri”: Esperantzetan bici,  Maite gozoa...”.
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Para ir a Zaldivia,  de San Sebastián, en coche: San Sebastián--Tolosa--Isasondo.  Pasado Isasondo. en la carretera general,  a la izquierda,  se marca el cruce a Zaldivia. En algo más de dos kilómetros  se llega a la villa. En tren , hasta Villafranca, de allí es un bonito paseo que se puede completar con una excursión  a Gainza o Larraitz.

 

Luis-Pedro Peña Santiago

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